miércoles, 29 de agosto de 2012

"We Build Cathedrals To Our Pain"

Tuvo que dar un empujón a la desvencijada puerta para que se abriera. Siempre que hacía calor se hinchaba más de lo debido, en parte por culpa de la humedad, y se atrancaba. Un par de astillas y serrín (sin duda, culpa de las termitas) saltaron cuando ella la hizo crujir, dando un traspiés tras el empellón, con las llaves en la mano.

Recuperando el equilibrio, a pesar del peso de la mochila cargada de libros y apuntes que colgaba de su espalda, se dirigió a la cocina. Dejó caer el macuto junto a la nevera y la abrió, buscando algo frío. Como de costumbre, no había. Tratando de aguantar las nauseas por un olor que no era capaz de identificar, pero que sin duda venía del interior del aparato, lo cerró de mala gana, con un golpe seco. Resoplando, se dirigió al salón, donde se dejó caer en un sillón de diseño que había encontrado en la calle, abandonado, pero que había parcheado y cumplía su función perfectamente.

Se podían oír tiros en la calle. Sirenas y coches derrapando. Un niño lloraba en alguna parte del edificio, y se  le podía escuchar perfectamente. Una pareja discutía a voces, a pesar de que ya era tarde. Había anochecido hacía poco y era el momento que las plagas de todo tipo salían de sus escondites para campar a sus anchas. Se quitó la camiseta, llevándose con ella el pañuelo que llevaba a la cabeza, quedándose únicamente con los pantalones y el sujetador. De dos patadas, se deshizo de las zapatillas, y a fuerza de frotar, se quitó también los calcetines.

Junto a ella, un reproductor de música la esperaba, en completo silencio. Alargó la mano para coger unos enormes auriculares que le cubrían por completo las orejas y los enchufó. Seleccionó un disco de toda la pila que había formado sobre uno de los bafles, colocados en el suelo para poder sentir las vibraciones, y lo introdujo en el compartimento correspondiente. Subió el volumen hasta un nivel considerable y apretó el botón de "reproducción".

Unos acordes ligeros y casi etéreos se formaron. Una guitarra eléctrica que lloraba en un maravilloso punteo, mientras una segunda, acústica, arpegiaba con una maestría que no podía describirse de ninguna manera. Ya había olvidado el hedor, y no recordaba siquiera que el calor y la sed la acosaban. La percusión comenzó un  crescendo suave que para nada alteraba la melodía, sino que la complementaba. Los llantos y los gritos desaparecieron por completo. No es que dejara de escucharlos, es que ya no existían para ella. Un potente bajo, entró en juego, de una manera realmente pausada y rítmica, dando presencia y cuerpo a la canción. No había disparos que pudieran competir con aquél ritmo profundo y casi melancólico.

Un nuevo mundo se formó en cuanto cerró los ojos, reclinando su cuerpo y casi dejándose resbalar por el mueble, de forma y color nada convencional. Una voz se introdujo en su cabeza, creando una armonía perfecta mientras la primera guitarra aumentaba la velocidad y la segunda iba desapareciendo para dar paso a un teclado oscuro, y para nada idílico. Muros de hiedra se alzaron creando una cúpula que la protegía de la oscuridad que había comenzado a nacer de su propio corazón.

La sección rítmica sintió la llamada y cambió por completo el tempo y se deshizo en una auténtica batalla que una segunda guitarra, pesada, terminó de compactar, haciendo que la coraza estallara un ríos de luz y el cuerpo de ella se alzara de su lugar, flotando por encima del suelo, que ahora parecía un lodazal del que emergían manos esqueléticas que trataban de arrastrarla con ellos, a un mundo infernal de perdición, donde no encontraría reposo. Pero su fe por huir, alimentada por la voz que la guiaba, era superior a todo lo que impedía que se rindiera.

Unos coros de voces cavernosas hizo que el barro se endureciera y por fin ella tuvo valor para posarse en el suelo, mientras una sombra escapaba de sus labios, al intentar seguir en un contrapunto a las voces, como si de una persecución se tratara. Unos fríos ojos que expelían una terrible sensación de frío la miraban desde la sombra, idéntica a la dueña, y sin saber porqué razón, ambas se lanzaron a por la otra, en un intento por acabar con su opuesto. Sintió flaquear en más de una ocasión, pero un acorde, o un continuado ritmo de bombos que se alternaban a una velocidad de vértigo la hacían dar todo lo mejor de ella, y recordó por un instante cuando aún era feliz del todo. Recordó a sus padres, a su pequeña hermana sonriendo. Recordó a todas las personas que alguna vez le habían sonreído y se hizo una pregunta.

¿Porqué no iba a sonreír yo? ¿Porqué iba yo a dejar de luchar?

Una fuerza que nunca antes había sentido sirvió para que lanzara un puñetazo al rostro de la sombra, que estalló entre un caótico movimiento de todos los instrumentos a un mismo tiempo, y un momento de silencio al final. Paz en su corazón, y auténtico alivio a su alrededor. 

La canción había acabado, pero ya no se oía al niño llorar. La pareja parecía haber dejado de discutir y las sirenas se habían ahogado. Los coches habían detenido su avance y el mundo parecía haberse detenido. Una sonrisa asomó en sus labios y una lágrima cayó por su mejilla. Sabía que todo siempre podía ir a mejor, y que la esperanza se obtiene con fe.  

jueves, 23 de agosto de 2012

Sangre y Pasión


Él la sujetó contra su cuerpo, tomándola de la cintura, apoyando su frente en la de ella. Mirándola a los ojos, con una tímida sonrisa, más una mueca vaga de satisfacción que de placer, aspiró su aroma, recordando cuando fue la primera vez que la tuvo entre sus brazos. Recordó el tacto de sus labios, y la calidez de la pálida piel que cautivaron por su misterio la mente, más semejante a una tormenta en la mar que a un verdadero lugar de descanso, del muchacho, que ahora la colmaba de cariño.

Ella descansó su rostro en el pecho de quien hacía que su corazón latiera y hacía trabajar sus pensamientos, corriendo en un torbellino de sensaciones, de fe renovada y oscuridad trenzada en tapiz que ocultaba sus sentimientos. Respiró profundamente, exhalando todo el aire de sus pulmones en un suspiro que gritaba “paz”.

Fue entonces cuando él apartó su pelo, en una caricia inocente, más propia de un gesto fraternal y protector que del éxtasis que provocara la visión de sus cuerpos desnudos, uno junto al otro, perfectamente puros respecto al otro. Nunca antes habían tenido la oportunidad de tenerse de ese modo y el temor inocente provocaba que sus gestos fueran algo torpes.

La besó, sin pensarlo un instante más, sin pedir permiso y sin esperar a que ella se lo permitiera. No encontró resistencia, sino un vestigio de instinto por mantener ese momento, ese tacto casi prohibido por la ignorancia de los ciegos y los timoratos. Sus instintos afloraron lentamente y una danza pareció nacer de la música acompasada que eran sus gemidos, causados por las caricias que recorrían las espaldas del otro, su cuello, su rostro. Una mirada, unos labios que luchaban en batalla sin vencedor ni vencido.

No pudo resistirlo y la bestia dominó al hombre. El lobo que habitaba su espíritu terminó por consumirle. Poseído por un místico deseo, propio de un hijo de la luna como era él, se dispuso a hacer de ella su presa, pasando su lengua lentamente por el pecho de la joven,  recorriendo un camino que le llevaba a pequeños bocados inocentes por la clavícula hasta el cuello. Un juego que solo podía tener un final. Ella sería el alimento de sus pasiones. Sus ojos, enrojecidos y como espejo de la fiera que había soltado sus cadenas, no tuvo tiempo a reaccionar.

Un bocado hizo que se estremeciera y sintió escapar la vida. Ella acababa de hundir sus colmillos, afilados como ninguna hoja humana pudiera estarlo, en el cuello del joven y este sintió como se mordía el labio, por el puro placer que aquella sensación, bendita contradicción pasional, le hacía sentir. A pesar de que sus fuerzas menguaban por momentos, fue capaz de que sus propios incisivos le provocaran cortes en la boca que ella se apresuró a limpiar con su lengua.

Ambos cegados por el poderoso y picante sabor de la sangre, se miraron un segundo, y un beso final se apoderó de sus almas, haciendo que el carmesí bailara entre ambos, transportando recuerdos, colores y conocimiento. Habían roto con el espacio y el tiempo y ambos gritaron sintiendo que aquél momento tan sexual llegaba al fin, entre un orgasmo que les hizo despertar, como si de un sueño se hubiera tratado, y una venda les hubiera sido retirada de los ojos.

Los dos cuerpos, empapados en sudor, se envolvieron en un abrazo, y con una sonrisa compartida, dejaron que el momento transcurriera. Les pertenecía por derecho. Eran hijos de la noche. 

viernes, 10 de agosto de 2012

Tú y Tus Sentimientos (El mundo, yo y los nuestros)


Hace mucho que dejaste de volar, y abres los ojos, como una lechuza, perdiendo un poco los demás sentidos. Ese es el sentido, no sentir.

Pero si no vuelas, te contaré un cuento a escondidas, para que quieras, y quieras al viento y tus ojos abiertos entiendan , y me ulules  mentiras a medias, si decides que merece la pena.

Hace mucho que dejaste de mirar. Abre tus alas, siendo un águila, sintiendo el viento haciéndote el amor. Dejar que la libertad misma lo decida, que no exista rendija por donde se cuele el temor.

Que tus plumas sean dueñas, corona de iris y manto de reflejos, de un sólo momento, quizá dos. Que no permitas que el tiempo, te niegue que tienes razón. Fugaz, ¡Y un cuerno! Eterno, si así lo queremos los dos.
Por cierto, me estoy acostumbrando a sonreír, porque el pájaro, mi pájaro, aunque tenga la jaula abierta, no se atreve a salir. Y no me acostumbro a verlo tímido en la puerta, en silencio, porque no se acostumbra a verse sonreír. 

“Mi pájaro, libre ave que en realidad no obedece a dueño ni tiene amo, canta una vez para mí. Olvida de una vez tu jaula, barre las plumas caídas y destierra el tiempo entre barrotes, los silencios que te  impusiste, y muerte en vida, a la que te sometes, purgando con lágrimas pretendiendo que su brillo es reflejo de marfil.”

Sé, vive, no niegues. Siente, seré paciente. Espérame.

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Hoy toca, algo inusual en mi blog. Un agradecimiento, dedicatoria incluida. No mucha gente hace de musa para mi, pero cuando lo hacen es de agradecer, porque son un empujón a la creatividad, y se merecen un grandísimo aplauso, un abrazo y todo mi respeto y amor por ayudar a crear, algo que puede gustar o no, pero que sale de dentro. 

La persona que esta vez se ha atrevido a hacer de musa es la señorita Colibrí Negro (http://colibrinegro.blogspot.com.es/), a quien espero que le guste esta entrada y la disfrute.