martes, 22 de mayo de 2012

-Eres un cobarde. Un enorme cobarde. 


-Cállate, Evrahell... siempre estás igual.

-Será por algo. Porque realmente lo eres. Me das asco...


-Bueno, y tú a mi me pareces de lo más desesperante. Y mira, aquí sigo escuchando las barbaridades que me escupes a la cara. Como si tuvieras algún derecho...

-Lo tengo, lo tengo. De hecho, los mismos que los tuyos. 


-¿Seguro? Pues a mi no me lo parece. Si quisiera, podría librarme de ti en un momento.

-¿Y porqué no lo haces? 


-Por Nat.

-No metas a Nathaniel en esto...


-Él tiene los mismos derechos que tú, o más. Al menos no se pasa el día siendo una auténtica serpiente.

-Pero es un cobarde. Mayor que tú. Y lo sabes...


-¡Oye! ¡A mi no me metáis en vuestras mierdas! 


-Ya estamos... parecéis críos chicos...

-Je... pues menos mal que no ha venido Bartimeo. 


-La verdad es que hace tiempo que no lo veo. ¿Donde estará?

-Ahora ha decidido cambiarse el nombre. Quiere ser como tú y llamarse Elías. 


-¿Elías?

-Pues si... pero está tan callado... está maquinando algo...


-Me da igual lo que maquine. Él al menos me echa una mano, no como vosotros.

-Claro, como nosotros somos unos cobardes...


-Y unos auténticos sinvergüenzas, que venimos cuando nos viene en gana...


... y unos malditos hipócritas que se aprovechan de la situación!


-¡BASTA! ¡BASTA! ¡MARCHAOS! ¡NO OS NECESITO AHORA!

La habitación se quedó en completo silencio, y el chico no supo muy bien qué hacer. Comprendía que le acosaran de aquella manera si estaba mal por haber hecho algo que no debía. ¿Pero porqué le asaltaban cuando únicamente estaba enamorado? El hecho de no ser capaz de declarar su amor siempre que quisiera, no significaba que fuera un cobarde, por mucho que ella conociera el sentimiento.¿O si era un cobarde por no hacerlo?