jueves, 1 de marzo de 2012

Shhhht...

Calla. Cierra los ojos y escucha el silencio. Procura no moverte, y concéntrate en lo rítmico de tu respiración.

Un segundo, y otro, y otro más.

Sinceramente, yo ya estoy hasta la polla de cerrar los ojos y de charlatanería. ¿Vosotros no? El mundo me lo han puesto de color de rosa. Pero no es así. Se trata de un lienzo que tenemos que ir pintando. Una partitura aún por escribir. Un libro, más bien una cubierta, con las páginas desnudas.

Es nuestro deber pintar, componer, escribir... y dejar que todo fluya. Vida, muerte, sonrisas, lágrimas, alegría, tristeza, risas, llanto. Y seguramente daremos una pincelada mal. Convertiremos un Do en un Fa. Escribiremos "Quedria" en lugar de "Querría". Porque somos humanos, y fallamos. Y nos fallan. Mucho más de lo que nosotros mismos quisiéramos. ¿Y cual es nuestro deber? Es corregir esa pincelada, y taparla con otras nuevas, mejores. Retocar esa nota, y crear una mejor melodía. Tirar de goma, tipex u [Inserte elemento de borrado/corregido] para que la frase tenga sentido.

Solo así, nuestras vidas tendrán sentido.

¿La mía?

Ríete. Todo cuanto quieras. La mía tiene muy poco sentido. Es lo gracioso de mi propia vida. Que no le encuentro sentido. Y eso se debe a que las cosas más absurdas e incongruentes son las más geniales. ¿Vosotros sabeis cómo miraron a Mozart cuando propuso componer una ópera en alemán?

Lo que quiero decir, es que estoy un poco hasta la polla de dejar de lado mi lienzo. De arrugar la partitura y olvidarla. De pasar una página y dejar un enorme fallo ortográfico que me perseguiría día y noche para darme bien por el culo (y sin lubricar ni nada, a doler).

Pero ahora que he conseguido dar luz sobre una oscura pincelada, de crear una nueva melodía que me lleva a otros lugares que olvidé, y de poner en orden los tachones del libro de mi vida... voy y vuelvo a caer. Y surge un nuevo dilema. Más complicado que el anterior.

Esta vez no es culpa mía, ni de nadie. Bueno... puede que mía, por ser tan gilipollas. Pero yo me lo he buscado. Y me tocará guardar silencio, o hablar, y decir lo que siento. Aunque temo lo que siento, por miedo a que las cosas cambien. No para bien, sino para mal.

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