miércoles, 3 de octubre de 2012

Vacío

Ella se giró hacia él, y pareció reconocerlo. Ladeó la cabeza, con la mirada perdida, y dio un paso. Tan solo uno. Las lágrimas caían por el rostro del anciano, que la observaba fijamente. Su mujer, su vida, la persona que le había robado el corazón cincuenta años atrás, cuando era tan solo un arrogante imbécil al que le preocupaban más las faldas que los asuntos del corazón.

Ella dio otro paso. Él recordó su boda. Como lucía de blanco, en aquella iglesia junto al mar. La gente sonriendo, su padre orgulloso, la muchacha pletórica que portaba en su dedo el anillo que tanto esfuerzo le había costado, y que había pagado orgulloso, con el sudor de su frente.

La distancia cada vez era más corta, pero parecía que el trayecto era eterno. El nacimiento de su hijos, un muchacho y una chiquilla, gemelos. Las noches enteras sin dormir, contándoles historias de la guerra. Del tiempo que había pasado en Francia, donde conoció a su madre. Dos pares de ojos verdes clavándose en él, mientras se cerraban poco a poco, cargados de sueño, pero muy atentos a la cálida voz que los reconfortaba. Dos pares de ojos verdes, como los de su madre.

Tan solo faltaban unos milímetros y ella alzó los brazos, queriendo rodear el cuerpo, manteniendo la mirada fija en él. La boda de su hija, y su propio hijo en la universidad. Sintió el orgullo de su padre, y comprendió lo que significaba la vida. No la suya, sino ayudar a que la de los demás sea una vida feliz. Y entonces, la empujó, apartándola de ella, con el rostro empapado en lágrimas, y en con un grito más propio de una bestia descontrolada, apuntó a la cabeza de la que había sido su esposa, y disparó. Tratando de contener el llanto, le quitó la alianza y se la guardó en el bolsillo del pecho.

-Casi te coge... deberías haber disparado antes...

-Ha sido como ha sido. No volveremos a hablar de ello. 

-Deberías haberme dejado disparar a mi. Podrías haber acabado... -Se tragó el final de la frase. Ninguno de los presentes quería oírlo.

-Entonces ni siquiera tú hubieras tenido derecho a dispararme. Ese derecho corresponde a mi hijo, aquí presente. 

-¿Porqué, padre? -Preguntó una tercera figura.

-Porque desde que empezó esta locura, y los muertos no quieren quedarse en sus tumbas, nadie debería hacerse cargo del descanso de quien no le corresponde. Conocía a mi mujer, lo fue durante medio siglo. Fue vuestra madre, y mi esposa. Y esta ya no lo era... La piedad, solo puede otorgarla quien de verdad comprende el valor del sacrificio que esto supone. Acabar con ellos antes de que te muerdan, y te unas a esa blasfemia que es ir pudriéndote mientras devoras carroña por las calles. Por eso, hijo... no te haré partícipe de esa carga. 

Y sin previo aviso, y para evitar que aquella persona que amaba con locura, tuviera que hacer lo que él acababa de hacer, apoyó a toda prisa el cañón de la pistola, que tantas veces le salvó durante la guerra, en el interior de la boca, y apretó el gatillo, esperando que al final, hubiera paz, y no tanto dolor y sufrimiento.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Legendarium

Y entonces, de la oscuridad y el caos nació Sol. Un guerrero que se alzó en batalla contra los demonios que acosaban al mundo que le habían dado vida.

 Armadura dorada, portadora de luz cegadora, y espada de fe eterna en mano, era como los enemigos lo verían. No temía ni se fatigaba, y su única ocupación era lucha, y acabar con las bestias que sembraban el miedo en los corazones de los hombres. Pero se sentía muy solo. 

Los Dioses supieron ver su rostro, fatigado y marcado por las lágrimas. No tenía descanso su lucha, tratando de controlar todo el mal que seguía libre, y decidieron recompensarlo. Se sorprendió al ver oscurecer el mundo, y pensando que se trataba de un nuevo enemigo trató de atacar, pero no pudo. Se detuvo su avance cuando observó a un joven, que alumbraba al mundo, con luz titilante y tenue. 

No había una sonrisa en su rostro, pero sus ojos valían por mil sonrisas. Enseguida se enamoró de ella, pero los Dioses les prohibieron acercarse, de modo que en secreto mandaba todas las noches un pájaro veloz, batiendo las alas más rápido que ningún otro ave, pues el tiempo apremiaba, para enviarle las palabras que él mismo no se atrevía a decir. 

Así supo que se trataba de la Dama Luna, y que ella había nacido temerosa, sin más motivo que hacer compañía al guerrero, y que nadie la había creado para que ella tuviera que quererlo a él. No podía quererle, pero debía ser amada. 

Montó en cólera el Guerrero Sol, frustrado por la suerte que los Dioses le habían concedido, más irónica que como premio a sus méritos, e incapaz de descargar su ira, volvió a llorar, tratando de olvidar. Pero como todos sabemos, al olvidar dejamos atrás, y tras el día en el que brilla El Sol, llega la noche. Y esa noche en la que la Luna se miraba en el espejo que era el mar, pudo ver llegar a las lágrimas del sol, ardientes, y formaron las estrellas a su alrededor. 

Dama Luna, en ese instante, se enamoró perdidamente, comprendiendo el dolor del Guerrero Sol, y sintiendo su soledad como propia. Los Dioses, que son severos pero no crueles, permitieron entonces a Sol y Luna encontrarse cada cierto tiempo, y aliviar la carga de sus miedos y su soledad. 

viernes, 14 de septiembre de 2012

Frustración

Allí estaba a salvo. En su rincón, rodeado de oscuridad, no le hacía falta ver. No quería ver. Acurrucado en la esquina, sentado en el suelo, abrazándose las rodillas. Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba llorando. Igual era mejor no saberlo.  

No dormía, una noche tras otra las pesadillas se apoderaban de su mente y le torturaban. En ocasiones era un perro negro, con los ojos enrojecidos y brillantes como la misma luz del sol, que caminaba hacia él dislocando las articulaciones, vomitando ascuas. Le perseguía, y a pesar de todo lo que pudiera correr, el perro siempre estaba allí. 

Tenía suerte cuando solo eran visiones de la guerra. Oír las bombas a su alrededor, siendo las explosiones la única luz en mitad de la noche. Arrastrándose por el fango, entre trincheras, bajo metros y metros de alambre de espino donde se le enredaba la ropa. Escuchaba los disparos, sin prestarles demasiada atención, eran más terribles los gritos de los que agonizaban a su alrededor. 

Deseaba que no volvieran las visiones en las que caminaba entre grotescas personas que se reunían alrededor de un caldero, cocinando algo que no acertaba a identificar, y que seguramente no quería saber de qué se trataba. 

Lanzó un grito, un verdadero lamento desde lo más profundo de su alma, y comenzó a reír a voces, mientras las lágrimas volvían a caer por su rostro. Comenzó a arrancarse la ropa, a tirones, y cuando estuvo desnudo por completo, clavó las uñas, alargadas y mal formadas por habérselas mordido. Sintió la quemazón del dolor, y la calidez de la sangre brotando, pero no se detuvo. Las clavó de nuevo en el pecho, como si intentara arrancarse el corazón. 

Tratando de abrir la cavidad torácica, sin éxito alguno, golpeó la cabeza contra la pared, una y otra vez, para desviar el dolor, mientras apretaba más con las manos desnudas, alternando con furiosos puñetazos. Y al fin, cedió. Pero no sangró, ni pudo ver sus huesos, ni oírlos crujir. Introdujo las manos, en lo que él entendió como un momento de felicidad, y haciendo un titánico esfuerzo, tiró hacia fuera con todas sus fuerzas, y observó que dentro solo hallaba oscuridad. 

Sin terminar de comprender, y sintiendo un dolor tremendo, se oyó un zumbido y un siseo, y en ese mismo instante, millares de serpientes y arañas comenzaron a brotar del hueco, como si de un nido en un tronco hueco se tratara. Sus gritos se elevaron de tono al contemplar todo aquél despliegue de arácnidos y ofidios huir de su pecho, sus lágrimas de sal se volvieron sangre y la vista se le nubló. Gritaba, pues se sentía impotente, no había nada que hacer, y no comprendía. Escapaba a toda realidad, solo deseaba que fuera otra pesadilla, y cerró los ojos. 

Cuando los abrió, se encontraba flotando en un lugar completamente distinto a donde había estado. Todo de blanco, cubierto por una especie de bruma blanca, y una calidez agradable. Vestía unos pantalones blancos, nada en los pies o el pecho, donde podía observar infinidad de pequeñas cicatrices enrojecidas, no superior a un centímetro ninguna de ellas. Deseó que aquello fuera la muerte. Que aquello fuera el cielo, si así podía llamarlo. Que fuera por fin la paz que había anhelado tantas noches. Que al final hubiera enloquecido y en uno de sus arranques de ira hubiera muerto, y ahora estuviera a salvo. 

Un golpe en el pecho le cortó la respiración varios segundos. Un segundo golpe, un tercero, y así varios. Hasta que se detuvieron. Comprendió que era libre...

El médico se acercó a la mujer con tono solemne  y negó con la cabeza. Pudo ver a la madre desmoronarse y a una muchacha joven acercarse a ella, para sujetarla y que no se hiciera daño al caer. La obligó a sentarse en una silla de ruedas y le dio de beber del vaso de agua que había ido a buscar. Mientras esta bebía, se secó las lágrimas y sus ojos quedaron clavados en el objeto que sostenía entre las manos. Una jeringuilla, sucia, con la aguja completamente devorada por el óxido.

Donde quiera que su hermano estuviese, deseó que estuviera en paz.

domingo, 9 de septiembre de 2012

(Te) Quiero

Constantemente pienso en una melodía, un ritmo sincero que no se detiene y que me cautivó desde el primer momento. ¿Quieres saber lo que deseo cada vez que lo escucho?

Quiero poder ver los misterios del mundo.
Quiero viajar a los lugares donde habita la magia.
Quiero mirar a los ojos a esa naturaleza viva que me llama.

Quiero mirar las estrellas y sentirlas cerca. 
Quiero observar una aurora boreal, y llorar.
Quiero que la belleza del mundo me ilumine la mirada. 

Quiero poder ver grandes aves , sin amo ni dueño.
Quiero verlas volar, libres de atadura o dolor.
Quiero ver sus plumas brillar al sol. 

Quiero ser ambicioso, y mirar la tierra desde el exterior del universo.
Quiero lo imposible, y ver el límite de la creación. 
Quiero (¡Deseo!) verlo todo. 

Pero si no lo veo reflejado en tus ojos, seguro que me parece aburrido, gris y vacío. 
Y así no quiero verlo,no me interesa.
  ¿Quieres saber cual era la melodía? Fácil... tus latidos batiéndose en duelo con los míos. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

"We Build Cathedrals To Our Pain"

Tuvo que dar un empujón a la desvencijada puerta para que se abriera. Siempre que hacía calor se hinchaba más de lo debido, en parte por culpa de la humedad, y se atrancaba. Un par de astillas y serrín (sin duda, culpa de las termitas) saltaron cuando ella la hizo crujir, dando un traspiés tras el empellón, con las llaves en la mano.

Recuperando el equilibrio, a pesar del peso de la mochila cargada de libros y apuntes que colgaba de su espalda, se dirigió a la cocina. Dejó caer el macuto junto a la nevera y la abrió, buscando algo frío. Como de costumbre, no había. Tratando de aguantar las nauseas por un olor que no era capaz de identificar, pero que sin duda venía del interior del aparato, lo cerró de mala gana, con un golpe seco. Resoplando, se dirigió al salón, donde se dejó caer en un sillón de diseño que había encontrado en la calle, abandonado, pero que había parcheado y cumplía su función perfectamente.

Se podían oír tiros en la calle. Sirenas y coches derrapando. Un niño lloraba en alguna parte del edificio, y se  le podía escuchar perfectamente. Una pareja discutía a voces, a pesar de que ya era tarde. Había anochecido hacía poco y era el momento que las plagas de todo tipo salían de sus escondites para campar a sus anchas. Se quitó la camiseta, llevándose con ella el pañuelo que llevaba a la cabeza, quedándose únicamente con los pantalones y el sujetador. De dos patadas, se deshizo de las zapatillas, y a fuerza de frotar, se quitó también los calcetines.

Junto a ella, un reproductor de música la esperaba, en completo silencio. Alargó la mano para coger unos enormes auriculares que le cubrían por completo las orejas y los enchufó. Seleccionó un disco de toda la pila que había formado sobre uno de los bafles, colocados en el suelo para poder sentir las vibraciones, y lo introdujo en el compartimento correspondiente. Subió el volumen hasta un nivel considerable y apretó el botón de "reproducción".

Unos acordes ligeros y casi etéreos se formaron. Una guitarra eléctrica que lloraba en un maravilloso punteo, mientras una segunda, acústica, arpegiaba con una maestría que no podía describirse de ninguna manera. Ya había olvidado el hedor, y no recordaba siquiera que el calor y la sed la acosaban. La percusión comenzó un  crescendo suave que para nada alteraba la melodía, sino que la complementaba. Los llantos y los gritos desaparecieron por completo. No es que dejara de escucharlos, es que ya no existían para ella. Un potente bajo, entró en juego, de una manera realmente pausada y rítmica, dando presencia y cuerpo a la canción. No había disparos que pudieran competir con aquél ritmo profundo y casi melancólico.

Un nuevo mundo se formó en cuanto cerró los ojos, reclinando su cuerpo y casi dejándose resbalar por el mueble, de forma y color nada convencional. Una voz se introdujo en su cabeza, creando una armonía perfecta mientras la primera guitarra aumentaba la velocidad y la segunda iba desapareciendo para dar paso a un teclado oscuro, y para nada idílico. Muros de hiedra se alzaron creando una cúpula que la protegía de la oscuridad que había comenzado a nacer de su propio corazón.

La sección rítmica sintió la llamada y cambió por completo el tempo y se deshizo en una auténtica batalla que una segunda guitarra, pesada, terminó de compactar, haciendo que la coraza estallara un ríos de luz y el cuerpo de ella se alzara de su lugar, flotando por encima del suelo, que ahora parecía un lodazal del que emergían manos esqueléticas que trataban de arrastrarla con ellos, a un mundo infernal de perdición, donde no encontraría reposo. Pero su fe por huir, alimentada por la voz que la guiaba, era superior a todo lo que impedía que se rindiera.

Unos coros de voces cavernosas hizo que el barro se endureciera y por fin ella tuvo valor para posarse en el suelo, mientras una sombra escapaba de sus labios, al intentar seguir en un contrapunto a las voces, como si de una persecución se tratara. Unos fríos ojos que expelían una terrible sensación de frío la miraban desde la sombra, idéntica a la dueña, y sin saber porqué razón, ambas se lanzaron a por la otra, en un intento por acabar con su opuesto. Sintió flaquear en más de una ocasión, pero un acorde, o un continuado ritmo de bombos que se alternaban a una velocidad de vértigo la hacían dar todo lo mejor de ella, y recordó por un instante cuando aún era feliz del todo. Recordó a sus padres, a su pequeña hermana sonriendo. Recordó a todas las personas que alguna vez le habían sonreído y se hizo una pregunta.

¿Porqué no iba a sonreír yo? ¿Porqué iba yo a dejar de luchar?

Una fuerza que nunca antes había sentido sirvió para que lanzara un puñetazo al rostro de la sombra, que estalló entre un caótico movimiento de todos los instrumentos a un mismo tiempo, y un momento de silencio al final. Paz en su corazón, y auténtico alivio a su alrededor. 

La canción había acabado, pero ya no se oía al niño llorar. La pareja parecía haber dejado de discutir y las sirenas se habían ahogado. Los coches habían detenido su avance y el mundo parecía haberse detenido. Una sonrisa asomó en sus labios y una lágrima cayó por su mejilla. Sabía que todo siempre podía ir a mejor, y que la esperanza se obtiene con fe.  

jueves, 23 de agosto de 2012

Sangre y Pasión


Él la sujetó contra su cuerpo, tomándola de la cintura, apoyando su frente en la de ella. Mirándola a los ojos, con una tímida sonrisa, más una mueca vaga de satisfacción que de placer, aspiró su aroma, recordando cuando fue la primera vez que la tuvo entre sus brazos. Recordó el tacto de sus labios, y la calidez de la pálida piel que cautivaron por su misterio la mente, más semejante a una tormenta en la mar que a un verdadero lugar de descanso, del muchacho, que ahora la colmaba de cariño.

Ella descansó su rostro en el pecho de quien hacía que su corazón latiera y hacía trabajar sus pensamientos, corriendo en un torbellino de sensaciones, de fe renovada y oscuridad trenzada en tapiz que ocultaba sus sentimientos. Respiró profundamente, exhalando todo el aire de sus pulmones en un suspiro que gritaba “paz”.

Fue entonces cuando él apartó su pelo, en una caricia inocente, más propia de un gesto fraternal y protector que del éxtasis que provocara la visión de sus cuerpos desnudos, uno junto al otro, perfectamente puros respecto al otro. Nunca antes habían tenido la oportunidad de tenerse de ese modo y el temor inocente provocaba que sus gestos fueran algo torpes.

La besó, sin pensarlo un instante más, sin pedir permiso y sin esperar a que ella se lo permitiera. No encontró resistencia, sino un vestigio de instinto por mantener ese momento, ese tacto casi prohibido por la ignorancia de los ciegos y los timoratos. Sus instintos afloraron lentamente y una danza pareció nacer de la música acompasada que eran sus gemidos, causados por las caricias que recorrían las espaldas del otro, su cuello, su rostro. Una mirada, unos labios que luchaban en batalla sin vencedor ni vencido.

No pudo resistirlo y la bestia dominó al hombre. El lobo que habitaba su espíritu terminó por consumirle. Poseído por un místico deseo, propio de un hijo de la luna como era él, se dispuso a hacer de ella su presa, pasando su lengua lentamente por el pecho de la joven,  recorriendo un camino que le llevaba a pequeños bocados inocentes por la clavícula hasta el cuello. Un juego que solo podía tener un final. Ella sería el alimento de sus pasiones. Sus ojos, enrojecidos y como espejo de la fiera que había soltado sus cadenas, no tuvo tiempo a reaccionar.

Un bocado hizo que se estremeciera y sintió escapar la vida. Ella acababa de hundir sus colmillos, afilados como ninguna hoja humana pudiera estarlo, en el cuello del joven y este sintió como se mordía el labio, por el puro placer que aquella sensación, bendita contradicción pasional, le hacía sentir. A pesar de que sus fuerzas menguaban por momentos, fue capaz de que sus propios incisivos le provocaran cortes en la boca que ella se apresuró a limpiar con su lengua.

Ambos cegados por el poderoso y picante sabor de la sangre, se miraron un segundo, y un beso final se apoderó de sus almas, haciendo que el carmesí bailara entre ambos, transportando recuerdos, colores y conocimiento. Habían roto con el espacio y el tiempo y ambos gritaron sintiendo que aquél momento tan sexual llegaba al fin, entre un orgasmo que les hizo despertar, como si de un sueño se hubiera tratado, y una venda les hubiera sido retirada de los ojos.

Los dos cuerpos, empapados en sudor, se envolvieron en un abrazo, y con una sonrisa compartida, dejaron que el momento transcurriera. Les pertenecía por derecho. Eran hijos de la noche. 

viernes, 10 de agosto de 2012

Tú y Tus Sentimientos (El mundo, yo y los nuestros)


Hace mucho que dejaste de volar, y abres los ojos, como una lechuza, perdiendo un poco los demás sentidos. Ese es el sentido, no sentir.

Pero si no vuelas, te contaré un cuento a escondidas, para que quieras, y quieras al viento y tus ojos abiertos entiendan , y me ulules  mentiras a medias, si decides que merece la pena.

Hace mucho que dejaste de mirar. Abre tus alas, siendo un águila, sintiendo el viento haciéndote el amor. Dejar que la libertad misma lo decida, que no exista rendija por donde se cuele el temor.

Que tus plumas sean dueñas, corona de iris y manto de reflejos, de un sólo momento, quizá dos. Que no permitas que el tiempo, te niegue que tienes razón. Fugaz, ¡Y un cuerno! Eterno, si así lo queremos los dos.
Por cierto, me estoy acostumbrando a sonreír, porque el pájaro, mi pájaro, aunque tenga la jaula abierta, no se atreve a salir. Y no me acostumbro a verlo tímido en la puerta, en silencio, porque no se acostumbra a verse sonreír. 

“Mi pájaro, libre ave que en realidad no obedece a dueño ni tiene amo, canta una vez para mí. Olvida de una vez tu jaula, barre las plumas caídas y destierra el tiempo entre barrotes, los silencios que te  impusiste, y muerte en vida, a la que te sometes, purgando con lágrimas pretendiendo que su brillo es reflejo de marfil.”

Sé, vive, no niegues. Siente, seré paciente. Espérame.

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Hoy toca, algo inusual en mi blog. Un agradecimiento, dedicatoria incluida. No mucha gente hace de musa para mi, pero cuando lo hacen es de agradecer, porque son un empujón a la creatividad, y se merecen un grandísimo aplauso, un abrazo y todo mi respeto y amor por ayudar a crear, algo que puede gustar o no, pero que sale de dentro. 

La persona que esta vez se ha atrevido a hacer de musa es la señorita Colibrí Negro (http://colibrinegro.blogspot.com.es/), a quien espero que le guste esta entrada y la disfrute.



viernes, 27 de julio de 2012

Erase una vez...


Y te contaré una historia. Y serás tú la dueña, conquistadora y reina. ¡Emperatriz, como en una historia interminable!

Te la contaré, y el olvido será esclavo de tus designios. Y sonrisas en labios serán los pajes. 

Daré la vuelta a todo, daré la vuelta al cuento y sentirás lo que no sabes, comprenderás lo que intuyes. No, no habrás de temer... no habrá vacío...

Quiero un camino, no una meta ni un destino, sino algo que me lleve junto a ti. A la mierda mis miedos, y tu falta de ganas (o de sentimientos, sean los que sean). 

Que he tenido miedo, que he sido un cobarde y que he tenido miedo de que no fuera cierto. De despertarme en medio de la noche empapado en mis lágrimas saladas, capaces de hacerme morir tan solo en vida, sin dejarla. Claro que lucen, claro que brillan. 

¿Acaso no deseas un mundo nuevo?

Juntos. Perpendicular al tiempo. Solos tú y yo. 

Temo no ser yo el que tiene que hablarte de leyendas que nunca me atrevería a confesarte. Aquél cuento en el que te salvaba de las tienieblas. Aquél cuento en el que me abrirías las ventenas y amaneceres ocuparan nuestras pupilas. Y sería un niño, hasta que me dieras las buenas noches.

Si, camina conmigo. Camina a mi lado, pues no nos cuesta nada, y yo quiero curar heridas que no me pides que cure. 

lunes, 16 de julio de 2012

Here/There

Of course I do love you... but you already knew it.
Of course I don't know what to say... when i'm looking deep in your eyes.
Of course I feel like a fool... of course I do, because you called me fool once
...and I loved it. 

Of course I don't want to be alone anymore... as you don't. As all don't. 
Of course I choke with my own words stuck in my throat... Is it worth it?

...I'm just afraid of the unknown. Like the most. 

And of course I'll wait to see you, and hear you, maybe kiss you and feel your heart-beat near to mine.

Would you like, or am I just dreaming with something impossible, something lack of sense? 

lunes, 25 de junio de 2012

Hole

Arráncame el corazón, para que no pueda sentir nada más. 
Arráncame los ojos, para no volverte a mirar. 
Arráncame la lengua, que de mi boca no escapen mentiras
y arráncame la vida, pues sin ti, ni es tuya ni es mía. 

No me dejéis amar a nadie más, bajo ningún concepto,
pues me convertí en un monstruo hace tiempo
y solo devoro los sentimientos que me muestran
y los escupo y estrello contra las piedras. 

Dejadme en silencio, atado con cadenas en algún abismo, 
más hondo que el infierno, más oscuro que tus ojos,
más caliente que tus besos y más profundo que mis miedos. 
Y no me dejéis salir nunca más, os lo ruego. 

Arrancadme el corazón, como os he pedido. 
Sacadme los ojos, o te miraré de nuevo. 
Evita que pueda hablar, y arráncame la vida
con ese cuchillo de cristal, frágil, que solo existe en mis sueños. 

miércoles, 13 de junio de 2012

Rockstar-size speedball shoot

Me siento a mirar al horizonte y no lo encuentro.
No existe norte. Ni las agujas en las doce en punto en mi reloj.
Ni siquiera le veo sentido al dos más dos. 
¿Compases de cuatro por cuatro? A puñados los pierdo yo. 

Un adolescente cualquiera ahogado por el peso del mundo,
otro ladrillo más, otro sucio ladrillo en el muro
de la vergüenza, del silencio, del miedo...
incapaz de afrontar los problemas, un acorde roto. Mejor dos. 

Como una de esas leyendas pasadas de rosca, 
demasiadas vueltas, y demasiado rock and roll. 
La bilis me sabe demasiado dulce en la boca,
amargo es el sabor de lo que antes era suave alcohol. 

Quema mi garganta la vida, ya perdida,
otro sinsentido, un nuevo camino
que no me atrevo a andar sin ayuda...
Vuelvo a tener catorce años y a sentir temor. 

Es lo que tienen las leyendas, que son leyendas por que su tiempo ya pasó,
un tiro de speedball  tamaño de estrella del rock
que corta con tijeras de papel los hilos sin color
de un tapiz tejido a base de momentos carentes de valor. 

Demasiado estrés. Demasiado caminar a solas. 
Demasiado lamentarme por no ser capaz de aferrarme a lo que puede ser mi salvación.
Demasiadas gilipolleces y metáforas que no llevan a nada
y demasiado tiempo culpándome de ser un cabrón...

...cuando yo no soy así. 
...ya he olvidado cómo soy. 
...creo que he olvidado QUIÉN soy. 
... te lo digo yo. 

Y como siempre, tengo miedo a que las cosas cambien, por mucho que me alegre de que sigan otro rumbo que no es el que en un principio yo quería tomar. Tengo miedo a empezar a caminar, no darme cuenta de que ya estoy casi al final y sin motivo aparente darme la vuelta para deshacer lo andado. 

Vaya mierda... 
¿...no?



Y entonces, el pájaro gritó:

[La parte que iba aquí ha sido censurada por el propio autor. ¿Porqué? Porque a quien de verdad le interese no se limitará a sentir lástima. No es lo que quiere. Quiere horas de palabras sencillas, nada de compasión. Una patada en la espinilla para que despierte de una vez y deje de quejarse de que la vida es una bala y el destino un francotirador. ]

Además, ¿No resulta más divertido preguntar por aquello que parece prohibido o nos quieren ocultar? Dime, ¿eres tú quien va a atreverse?

miércoles, 6 de junio de 2012

(Anti)Reflexiones

Soy esclavo de una duda, 
soldado de un silencio,
gladiador marcado a fuego
por la resignación, a oscuras. 

Silencio vivo de colores,
momento eterno de fugaz descontrol. 

De la NADA victorioso líder,
infatigable ardor de mis demonios,
castigo divino, condena de vivos
y vino para el hombre libre.

Incesante zumbido innegable
acompañado de la luz ausente. 

¿Qué ha de hacer un hombre ante el silencio? 
¿Qué ha de hacer sino aguardar y seguir amando?
No le importará no ser correspondido, 
ya robó una flor, y la sostuvo entre sus manos. 
Demostró que podía cuidar de ella, 
regarla con sus sonrisas,
y hacerla crecer con sus miradas. 

Y esperará todo lo que haga falta a que esa flor tenga a bien ver la luz del sol, para observarla por mucho tiempo, o volver a ocultar su aroma a quien la robó. 


martes, 22 de mayo de 2012

-Eres un cobarde. Un enorme cobarde. 


-Cállate, Evrahell... siempre estás igual.

-Será por algo. Porque realmente lo eres. Me das asco...


-Bueno, y tú a mi me pareces de lo más desesperante. Y mira, aquí sigo escuchando las barbaridades que me escupes a la cara. Como si tuvieras algún derecho...

-Lo tengo, lo tengo. De hecho, los mismos que los tuyos. 


-¿Seguro? Pues a mi no me lo parece. Si quisiera, podría librarme de ti en un momento.

-¿Y porqué no lo haces? 


-Por Nat.

-No metas a Nathaniel en esto...


-Él tiene los mismos derechos que tú, o más. Al menos no se pasa el día siendo una auténtica serpiente.

-Pero es un cobarde. Mayor que tú. Y lo sabes...


-¡Oye! ¡A mi no me metáis en vuestras mierdas! 


-Ya estamos... parecéis críos chicos...

-Je... pues menos mal que no ha venido Bartimeo. 


-La verdad es que hace tiempo que no lo veo. ¿Donde estará?

-Ahora ha decidido cambiarse el nombre. Quiere ser como tú y llamarse Elías. 


-¿Elías?

-Pues si... pero está tan callado... está maquinando algo...


-Me da igual lo que maquine. Él al menos me echa una mano, no como vosotros.

-Claro, como nosotros somos unos cobardes...


-Y unos auténticos sinvergüenzas, que venimos cuando nos viene en gana...


... y unos malditos hipócritas que se aprovechan de la situación!


-¡BASTA! ¡BASTA! ¡MARCHAOS! ¡NO OS NECESITO AHORA!

La habitación se quedó en completo silencio, y el chico no supo muy bien qué hacer. Comprendía que le acosaran de aquella manera si estaba mal por haber hecho algo que no debía. ¿Pero porqué le asaltaban cuando únicamente estaba enamorado? El hecho de no ser capaz de declarar su amor siempre que quisiera, no significaba que fuera un cobarde, por mucho que ella conociera el sentimiento.¿O si era un cobarde por no hacerlo?

viernes, 27 de abril de 2012

Las lágrimas de la serpiente


¡BASTA!
Quiero estallar en un mar de lágrimas y reírme de mi mismo mientras lloro.
Golpear con fuerza el silencio y a gritos romper el tiempo.
No dejar escapar un solo segundo y salir corriendo hacia donde más ansío.
Un lugar que desconozco.
¿ACASO NO ES SUFICIENTE?
No soy capaz de soportar toda esta presión,
Esa sensación de incertidumbre que me invade
Y se apodera de mis sueños.
Déjame al menos descansar.
¡DETEN ESTA LOCURA, TE LO RUEGO!
¡Mátame! ¡Apuñala mi pecho!
Busca mi corazón y arráncalo sin piedad alguna,
Deshazte de mis sentimientos y conviérteme en frío acero,
Carcasa vacío, tedioso y oscuro odio que en mi te escondes.
¡YA NO PUEDO MÁS! ¡SERÉ TU ESCLAVO!
Sana mis heridas, o desgarra aún más mi cuerpo.
Déjalo irreconocible a ojos del resto,
Que no quede rastro alguno de que, cierto día,
Yo también fui humano. Ya no quiero serlo.
¡ABANDÓNAME A MI SUERTE!
Haz mofa y befa de mis ruegos,
Bebe de mi llanto y escúpeme en la cara.
Que sirva de escarmiento y a la vez sea escarnio.
Pero, te lo suplico, como si me hubieran condenado a muerte,
Y no hubiera forma de redimirme ni ahora ni nunca,
Y se me hubiera vetado el perdón…  acaba con mi sufrimiento.

domingo, 1 de abril de 2012

The Son of Bragi and the Hummingbird

Quiero.
Que mis ojos se cierren un instante
y no exista el vacío
cuando se haga el silencio.

Quiero ser bandido de momentos,
Un loco bastante cuerdo
e impulsivo cobarde sin tiempo
que necesita planificar.

Cyrano que pide permiso para robar un beso,
Romeo con vértigo, ansiando subir a tu balcón,
Casanova al que le importan los sentimientos,
Todo eso puedo ser yo. Todo eso quiero ser yo.

Para ti.

Pero solo soy poeta a merced del viento,
paleto de pueblo sin sensibilidad,
incapaz de decir a la primera
nada que merezca ser escrito.

Y tengo miedo. Siempre lo tengo.
De todo y de nada, mucho cuento.

Si no despierto a tiempo
para ver el trigo brillar al sol
buscaré una rama donde hacer un nido
y seguir soñando por un tiempo.
Y si las hojas caen
y resulta que abrí los ojos,
batire las alas, alzaré el vuelo,
y huiré en completo silencio.

martes, 13 de marzo de 2012

Treces escalones al cielo

El amargo sabor del ron y el olor a ese apestoso tabaco caro se entremezclan de mala manera en el aliento del verdugo. Suele ser así. Apenas tienen dinero para beber, pero consiguen lo mejor de toda Inglaterra para fumar, porque así se sienten más señores y menos culpables. Me dan asco. Realmente me repugnan. Malditos bastardos con suerte… Se les permite matar impunemente a tantos como quieran. Inocentes, culpables, niños, mujeres y hombres. Maleantes y villanos. Ladrones, simples ladrones que se hacen con una hogaza para dar de comer a sus doce hijos, o repulsivos ladrones de cadáveres. Les da igual, les han concedido el perdón divino y ellos se aprovechan. Duermen tranquilos en sus catres llenos de piojos, y gozan de las prostitutas más caras. Pero esa no es mi historia, y os estoy alejando de ella.

Aún recuerdo de joven, tan solo ocho años, cómo mi padre me llevó por primera vez a una ejecución en la plaza. Sonreía, y miraba al frente con la cabeza bien alta. No teníamos demasiado dinero, pero dispuso de su mejor ropa para aquella ocasión. Llevaba tiempo ahorrando para un barbero, y consintió en cortarme el pelo.

El gentío se agolpaba, y me aupó en sus hombros. Para que fuera testigo de aquél espectáculo. Un evento que nunca olvidaría. Todos gritaban, y el ambiente parecía estar cargado con algo especial. Magia. Una chispa dulce, con sabor a melodía parisina. Extraño describirlo así, ¿cierto? El alguacil fue el primero en subir al cadalso, y se hizo el silencio.

“Se hace saber, que por los crímenes de piratería, pillaje, ataque a navíos ingleses bajo distintas banderas, entre ellas la pirata, así como traición a la patria, cometidos contra la corona de Inglaterra, se condena a Michael Jerome Williams, conocido como Mike de Kingston, a morir ahorcado. Que este sea un castigo ejemplar para aquellos que cometen tales crímenes, y deshonran a su patria, y que Dios se apiade de su alma”.

Disfrutó cada una de aquellas palabras, mientras con paso lento, marcado por un redoble militar, el susodicho pirata era conducido, encadenado y con grilletes en las piernas, a lo largo de los trece peldaños que elevaban el tablado sobre nuestras cabezas. Con la frase final, esbozó una sonrisa, mientras miraba de soslayo al acusado. Realmente deseaba su muerte.

Aquél hombre sabía que iba a morir, y a pesar de todo parecía mostrarse sereno. No temía a nada. Era una mezcla de arrogancia e indiferencia. Y de pronto, comenzó a llover. El capellán se le aproximó, dispuesto a una última concesión. Confesarse ante el pueblo y así aceptar la culpa que permitiría que Dios fuera magnánimo con él en su juicio, y evitar la condena al averno.

No solo se rió ante el padre, sino que le escupió en la cara. Una pequeña carcajada estalló en la plaza, no se le tenía en demasiada estima a aquél siervo de Dios, tenía mala fama, pero la iglesia le protegía.

La soga le fue anudada al cuello, y el redoble se detuvo. Un rayo cruzó los cielos y el verdugo ejecutó la sentencia. Accionó el mecanismo y el cuerpo cayó por la trampilla. La cuerda era demasiado corta, y aún se podía ver la cabeza sobresalir por el hueco, mientras los pies colgaban en un último espasmo. La agonía parecía una macabra risa, realmente daba la sensación de que se mofaba de nosotros. Los estertores fueron cuanto menos, dignos de mención, más macabros de lo habitual. Las mujeres se santiguaron, los hombres se descubrieron, y yo nunca olvidaré aquella sonrisa que se quedó marcada en el rostro del pirata, incluso después de muerto. Y sonreí.

Al llegar a casa, mi padre me empujó al interior de mi habitación. Cerró la puerta y las ventanas, corriendo incluso las cortinas. Pero no apagó la luz. Se quitó el cinturón. Yo aún no sabía para qué, pero lo supe muy pronto. Recibí golpe tras golpe, en silencio, mientras lágrimas se resbalaban por su recién afeitado rostro. Podría resultar ilógico para alguien de mi edad, pero me aseguré a mí mismo, mientras rogaba a Dios que no fuera excesivamente cruel conmigo, que era por mi bien. Debía aprender.

Desde aquél día, me llevó a cuantas ejecuciones pudo. Ninguna como la primera. En ocasiones eran simples ladrones, en otras, asesinos reincidentes. Algún que otro pirata capturado, que renegó de aceptar servir a su majestad en nombre de Inglaterra. Pero ninguno nunca mostró la sonrisa y el temple que Michael Jerome Williams.

¿Y quién me iba a decir a mí, que años más tarde terminaría como pirata? Irónico. Casi cómico. Pero así fue. Sucedió, por mi decimosexto cumpleaños. Mi padre me acompañó a la plaza, y el ambiente era el mismo. Sentí aquella chispa, aquél aroma y aquél mismo sabor que la primera vez. Le vi sonreír. Le vi morir, y yo mismo sonreí. Pero al llegar a casa, me negué a recibir la paliza acostumbrada. Algo cambió en mi interior. Ahorqué a mi padre con su propio cinturón antes de que pudiera asestar el primer azote.

Huí, y logré esconderme como un polizón en un barco que había atracado en el puerto, sin saber que pertenecía a piratas. Al principio hablaron de entregarme al mar, y que este me juzgara, pero no lo hicieron. Se apiadaron de mi, y yo serví para ellos durante cinco largos años. Robé, asesiné, y disfruté de las mujeres y el vino en cada puerto que visitábamos, una vez cada varios meses, siempre en islas de los cálidos mares sureños, en la zona del Caribe. Era un buen lugar. Hasta que topamos con los franceses.

Ellos no tuvieron piedad con nosotros. Acribillaron a mis camaradas, hermanos con los que había compartido galletas, agua maloliente, hamacas infestadas de cucarachas, e incluso el temido escorbuto. A los pocos supervivientes nos hicieron prisioneros. Logré huir, junto a otros, y durante un tiempo capitaneé mi propio navío. No muy grande, ni muy lujoso, pero bello. Por fin era libre de ir a donde yo quisiera. Era tan libre como las golondrinas, como cualquier ave noble que se precie. Pero no duró demasiado. Volvieron a capturarnos, esta vez, mis compatriotas británicos.

No se pudo hacer nada esta vez. No hubo ocasión de acuchillar a un guardia despistado con una hoja guardada hábilmente en la bota, ni sobornarlo con un par de piezas de oro, ocultas en un calcetín roído por las ratas. Fuimos llevados ante la justicia, y sentenciados muerte. Y ahora, que me enfrento a la soga, mientras subo los trece peldaños que me llevan al patíbulo, mientras noto  el infesto  aliento del verdugo  golpeándome en la nuca, sonrío. Mientras oigo los cargos, sonrío. No solo le escupo al capellán, sino que golpeo con mi frente al mismo, en la nariz. Disfruto al oír sus huesos crujir y no puedo reprimir una carcajada. La sangre, su sangre, cae por mi frente, quitándome la vista del ojo derecho, pero no me importa. Le sonrío a un chiquillo en la primera fila, subido a hombros de su padre, y el verdugo acciona la trampilla. A medida que voy ahogándome, con un sonido parecido a la risa, veo al chico. Sonríe. Como yo.

jueves, 8 de marzo de 2012

Bubbles and Hammers

La entrada de hoy se escapa un poco de la dinámica a la estareis más que acostumbrados. Eso os lo aseguro. No por ello, va a dejar de retratar sentimientos, ni vivencias de mi vida que me han marcado de una u otra manera. Ahí va la historia. Todo comenzó en verano de 2009...

Recuerdo que me concedieron una beca o un tipo de ayuda para irme un verano a Swords, una localidad irlandesa preciosa. No demasiado grande, ni tampoco pequeña en absoluto. Muchas veces teníamos que coger un bus de línea para ir de una punta a otra, pero se podría haber ido perfectamente andando, aunque con un poco de esfuerzo.

Por las mañanas teníamos que asistir a un cursillo de inglés. A mi me tocó en la clase de nivel avanzado, pero me sentía un poco pez fuera del agua. Al menos durante los primeros días. Una chica coreana, una japonesa, italianas, polacas, uruguayos, brasileños, más italianos, y un par de chicas españolas (andaluzas) además de los cuatro o cinco amigos españoles que fuimos con la misma beca, compartíamos clase con una profesora londinense, a la que cogimos mucho cariño. Dee Doyle. Ese nombre no creo que lo olvide, era una persona maravillosa, que se esforzaba por enseñarnos algo más que un idioma.

La cuestión es (si, ya... ya solté la lagrimita, los hecho de menos a todos, dejadme seguir, cabroncetes) que teníamos las tardes libres hasta cierto punto, y los fines de seman eran casi nuestros. Como convivíamos con familias irlandesas, en parejas, solíamos pasar un tiempo con ellos antes de poder irnos de juerga o a hacer el macarra por ahí. Qué menos, viendo cómo nos trataban... solíamos jugar con sus niños, les ayudábamos en casa, y veíamos el futbol o leíamos tabloides por el simple hecho de que era la única forma de aprender inglés.

Las tardes eran algo monótonas. Tabaco de liar Golden Virginia (algo más barato que el resto), cerveza polaca Prazsky (muy barata, sabor mediocre, y ya habíamos aborrecido la Guinness al tercer día) y un parque donde jugar a las cartas o símplemente charlar de música, coches, tetas o lo que se nos ocurriera. Con la cerveza convenientemente escondida, claro está. Nos podía caer un buen paquete si nos pillaban.

Pero lo realmente interesante eran los fines de semana. Solíamos coger el autobús y nos marchábamos a Dublín, donde se movía la verdadera juerga. Estaba Little Amsterdam (Donde encontrabas de todo, y cuando digo de todo, es TODO. No tuve la suerte de probar nada, por desgracia. Aún era menor y entonces SI que hubiera tenido problemas serios), Trinity College, Temple Bar, la estatua de Molly Malone, Croke Park... aquello era realmente interesante. Disfrutaba paseando de un lado a otro de la ciudad, evitando coger todos los autobuses posibles (valían un ojo de la cara y prefería gastarme mi dinero en otras cosas como revistas, música o tabaco. En aquella época fumaba muchísimo, y el tabaco en Irlanda no es precisamente barato). Iba completamente a mi bola.

Pero sin duda alguna, y ahora llego a la parte que venía a contaros, es lo que me pasó casi al final de mi viaje. Pongámonos en situación 25 de Agosto, por la tarde, calorcete agradable y acostumbrado al horrible acento irlandés que se te pega como una auténtica lapa, y luego nadie te entiende cuando hablas. Caminaba con cierta amiga por la calle, pensando en mis cosas. Seguramente dándole la coña sobre algún disco, un grupo o vaya usted a saber qué paranoias que rondaban mi cabeza. En ese instante, vi a un hombre con la camiseta del West Ham United.

Llegados a este punto, he de aclarar que me declaro fan incondicional de este equipo, mucho antes de haber visto la película que les ha dado tanta fama (buena o mala). El equipo lo conozco por ser el favorito del grupo británico de Heavy Metal, Iron Maiden. Me picó la curiosidad, rebusqué información al respecto, y me enganché a ellos. Me he convertido en un Hammer y no me avergüenzo. (HAMMERS! HAMMERS! HAMMERS! ICF! ICF!) [perdonad este lapsus, me puede el espíritu hooligan].

Volviendo al hilo, de aquél hombre con la camiseta de mi equipo británico favorito, no pude evitar acercarme a hablar con él. Me chocó que los irlandeses siguieran tan fervientemente la Premiere League, y más a un equipo tan modesto como mis queridos Hammers. Tras amablemente pedirle que me confirmara si era fan del West Ham (recordemos que esta gente siempre anda "Sorry" por aquí y "Excuse me" por allá)  me respondió con un sonoro y profundo OI! Fue superior a mí y me puse a hablar con él. Me decía que iba con prisa, el partido era esa tarde noche y aún tenía cosas que hacer, pero que me invitaba a un Pub cercano que conocía, donde todos eran grandes fanáticos de este equipo, y donde estaría como en casa.

-Sure! If my bus doesn't leave early, I'll be there. Who's playing tonight?
-MILLWALL, SON! MILLWALL! It's on the papers!

(Y ahora para los que no tienen ni puta idea de inglés)

-¡Claro! Si mi autobús no sale demasiado temprano, a´llí estaré. ¿Con quien juega esta noche?
-¡MILLWALL, HIJO! ¡EL MILLWALL! ¡Viene en los periódicos!

Ahora toca la aclaración. El Millwall es el rival directo del West Ham United. Las hinchadas se llevan a matar, pero de verdad. Está reconocida como la rivalidad más encarnizada de la liga inglesa, y cuando los del ICF y los "Bushwackers" puede pasar de todo. Son más de cincuenta años de peleas con muertes incluidas, que se remontan a hace cien años, por disputas de trabajadores de los muelles.

¿Qué decir en aquél momento de éxtasis deportivo? Le aseguré que si podía, allí estaría con una buena pinta en la mano (no le mencioné el detalle de que aún era menor, pero ni a él le importaba ni a mí me importaba) cantando el himno de mi equipo, odiando con todo mi corazón a esos cobardes del Millwall. Por desgracia no pudo ser. El último autobús salía unos minutos antes del partido y en el trayecto de Dublin a casa me perdería gran parte de este. No recuerdo muy bien si ese día paramos en la bolera que había a medio camino o no. Solíamos hacerlo alguna que otra vez, pero no recuerdo si esta en concreto lo hicimos.

Al llegar a casa, había olvidado el partido. Por completo. Al día siguiente no me molesté en leer los periódicos, y como andaba empaquetando las cosas para volver a España, y despidiéndome de los amigos que allí había hecho no volví a reparar demasiado en el partido. Ni siquiera pregunté el resultado. Lo interesante, y todo el meollo de la cuestión, fue estar esperando en el aeropuerto, haciendo el macarra para ver si una monja me maldecía, o me excomulgaba o algo parecido, cuando mi cerebro se activó al ver un pantalla sobre una columna. No sé lo que llamó mi atención, pero me quedé embobado mirándola, y mi sorpresa fue impresionante al ver un video de noticas que, si no era el que os voy a poner a continuación, era muy parecido.


Impresionado, dejé de intentar que la monja aquella me lanzara agua bendita y gritara en gaélico "Satán, libera a este siervo tuyo!" (eso último no pasó, ¿pero a que hubiera molado que te cagas?) y me centré en la noticia. No era posible que me hubiera perdido el partido del siglo, con disturbios y todo. La noticia traspasó fronteras, vaya que si lo hizo...


Yo por mi parte, eché de menos a quél hombre con la camiseta de los Hammers, el bar donde fue a ver el partido, la pinta que no me tomé... y los disturbios en los que no tomé parte. Pero me volví a España, recordando todo lo bueno que había vivido allí, con muchísimas ganas de comerme una tortilla de patata, ponerme hasta el ojete de gazpacho, y ver a mi familia a la que tanto había echado de menos.


Y esa es la historia de cómo casi me convierto en parte de una enfurecida masa de Hooligans descamisados y borrachos. ¿Quién sabe lo que hubiera pasado si yo no hubiera cogido ese autobús?

I'm forever blowing bubbles, pretty bubbles in the air,
they fly so high, they reach near the sky,
and like my dreams they fade and die...

Fortunes allways hiding
I've looked everywhere
I'm forever blowing bubbles...
Pretty bubbles in the air...

UNITED! UNITED! UNITED!

AVISO: La canción es la versión orginal, de la que se extrajo la letra, y la que se canta siguiendo el ritmo original. No la que cantan los GSE de la película Green Street Hooligan. Esa si la quereis, buscadla en internet. Yo me estoy adecuando a la realidad, y no a la ficción cinematográfica. Gracias.



domingo, 4 de marzo de 2012

Sounds of Nature

Oye el sol levantarse sobre las montañas. Observa el canto de los pájaros, y huele el agua recorrer los arroyos.

Escucha el polvo que se levanta en el camino, y trata de comprender porqué el viento te susurra un nombre.

Y no te preguntes nunca a donde te lleva ese camino. Ni porqué lo recorres. Simplemente, disfrútalo.

Disfruta de estar vivo, de poder respirar y poder sentir. Alégrate de ser libre. Alégrate de ser tú mismo y grita a los cuatro vientos lo alegre que te hace no ser otro borrego más que se confunde con el rebaño.

Y hoy, no tengo que decir nada más.

jueves, 1 de marzo de 2012

Shhhht...

Calla. Cierra los ojos y escucha el silencio. Procura no moverte, y concéntrate en lo rítmico de tu respiración.

Un segundo, y otro, y otro más.

Sinceramente, yo ya estoy hasta la polla de cerrar los ojos y de charlatanería. ¿Vosotros no? El mundo me lo han puesto de color de rosa. Pero no es así. Se trata de un lienzo que tenemos que ir pintando. Una partitura aún por escribir. Un libro, más bien una cubierta, con las páginas desnudas.

Es nuestro deber pintar, componer, escribir... y dejar que todo fluya. Vida, muerte, sonrisas, lágrimas, alegría, tristeza, risas, llanto. Y seguramente daremos una pincelada mal. Convertiremos un Do en un Fa. Escribiremos "Quedria" en lugar de "Querría". Porque somos humanos, y fallamos. Y nos fallan. Mucho más de lo que nosotros mismos quisiéramos. ¿Y cual es nuestro deber? Es corregir esa pincelada, y taparla con otras nuevas, mejores. Retocar esa nota, y crear una mejor melodía. Tirar de goma, tipex u [Inserte elemento de borrado/corregido] para que la frase tenga sentido.

Solo así, nuestras vidas tendrán sentido.

¿La mía?

Ríete. Todo cuanto quieras. La mía tiene muy poco sentido. Es lo gracioso de mi propia vida. Que no le encuentro sentido. Y eso se debe a que las cosas más absurdas e incongruentes son las más geniales. ¿Vosotros sabeis cómo miraron a Mozart cuando propuso componer una ópera en alemán?

Lo que quiero decir, es que estoy un poco hasta la polla de dejar de lado mi lienzo. De arrugar la partitura y olvidarla. De pasar una página y dejar un enorme fallo ortográfico que me perseguiría día y noche para darme bien por el culo (y sin lubricar ni nada, a doler).

Pero ahora que he conseguido dar luz sobre una oscura pincelada, de crear una nueva melodía que me lleva a otros lugares que olvidé, y de poner en orden los tachones del libro de mi vida... voy y vuelvo a caer. Y surge un nuevo dilema. Más complicado que el anterior.

Esta vez no es culpa mía, ni de nadie. Bueno... puede que mía, por ser tan gilipollas. Pero yo me lo he buscado. Y me tocará guardar silencio, o hablar, y decir lo que siento. Aunque temo lo que siento, por miedo a que las cosas cambien. No para bien, sino para mal.