miércoles, 9 de noviembre de 2011

Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate

Duras palabras que colocaron los dioses en las puertas del infierno. Mi infierno particular está en mi mente, un tormento eterno por sentirme impotente ante cómo nos trata la vida. Me niego, una y otra vez a perder esa esperanza, dioses...

¿Me habeis oido? ¡Os reto! ¡No una, sino varias veces a todos! Os reto a descender de vuestra morada y arrancarme el corazón... nos os pertenece, y nunca os pertenecerá. Ya se lo he dado a alguien y es a ella a quien pertenece. No teneis ni el derecho ni el poder de separar su corazón del mío.
Lucharé hasta la muerte si es preciso. Daré toda mi sangre por ver sus ojos. Golpeadme con vuestra infinita furia y grandiosa cólera, pero no lograreis apartarme de ella nunca. ¡Jamás!

Os maldigo desde hoy, a viosotros y al destino ¡A las hermanas que manejan los hilos! Os maldigo por tratar de apartarme de ella cada día más... os lo digo. ¡No! Os lo advierto... y os amenazo! No lo lograreis...
Y temed mi ira, pues es poderosa, temed la ira que surge del amor reprimido, atado con cadenas que no lograrán retenerme por mucho... temed, pues pronto caminaré en su busca, para besarla y abrazarla, sujetarla contra mi pecho y acariciar su pelo. Mirarla a los ojos y poder sentir una inmesa paz que he anhelado por mucho tiempo... por demasiado tiempo, para que ahora, vosotros, caprichosas deidades que no son capaces ni de mantenerse en pie, espejo de mejores tiempos ya pasados, vengais a arrebatarme el maná que merezco.

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