miércoles, 9 de marzo de 2011

Nueva Etapa

Tengo que deciros la verdad. Este blog era tan solo un trabajo para la universidad, pero me ha gustado esto de escribir toda la basura que tengo que barrer dentro de mi cabeza. De modo, que pienso seguir escribiendo todo lo que pueda, ya sea poesía o retazos de relatos y otras movidas, y lo plasmaré aquí. De momento, os regalo una paranoia brutal que he titulado "Ojos Azules"

Ojos Azules

Aquél día se subió al autobús, como todos los días, en la misma parada, a la misma hora. Se trataba de un día particularmente plomizo, y el ambiente estaba cargado de electricidad. Seguro que de un momento a otro se pondría a llover.
Los mismos olores de todas las mañanas asaltaron a la muchacha. La loción para el afeitado de un hombre con corbata, la peste a laca que despedía una señora mayor, el bocadillo de un chico que aún iba al colegio. Completamente monótono, absurdamente aburrido, insoportablemente predecible.
No supo decir por qué aquél día tenía pinta de ser distinto al resto. Pero en su fuero interno lo sabía. Miro alrededor, y a su lado, justo en el asiento contiguo, había sentado alguien a quien no había visto nunca en aquél destartalado y maloliente autobús. Zapatillas deportivas último modelo, tejanos, una camiseta con un logotipo y una camisa a cuadros. A sus pies, una mochila de color claro llena de pintadas hechas con un rotulador.
Alzó un poco más la mirada, y vio como aquél chico se entretenía agujereando los pantalones con unas llaves. Volvió a bajar la mirada, temerosa de que él la mirara. Y de pronto se dio cuenta de lo absurdo que resultaba aquél pensamiento. No pasaba nada por mirarlo a los ojos, unos ojos que no conocía, pero que la atraían de una manera especial, magnética, hechizante.
Se atrevió a alzar despacio la mirada. Muy lentamente. Mirando primero a los vaqueros. Luego el logotipo de la camiseta, que le pareció bastante grotesco, y supuso que era de algún grupo de música, de rock duro, o lo que fuera. Haciendo que aquellos pensamientos momentáneos desparecieran, siguió levantando la mirada, hasta alcanzar su objetivo, los ojos. Aquellos ojos azules, que reflejaban el gris del cielo, un cielo que contrastaba con aquellos ojos brillantes.
Él se giró, lentamente, y la miró a ella. Cara a cara. Y sonrió. Completamente avergonzada, giró la cabeza rápidamente y procuró llevarse la mano a la nuca, haciendo ver que se arreglaba el pelo.  Enseguida notó como le subía la sangre a la cabeza y se ruborizaba, y en un esfuerzo titánico, comenzó a luchar contra el miedo y la timidez, volvió a girar la cabeza hacia el chico, que la miraba, sonriente.
En ese momento, ella comenzó a sonreír. Se llevó la mano al bolsillo y extrajo un pequeño estuche con un dosificador. De él sacó una cápsula blanca  que miró tan solo unos segundos antes de tragársela. Volvió la cabeza hacia el chico, y vio que había desaparecido. Desde un primer momento supo que no existía, pero aquella sonrisa desenfadada le había alegrado la mañana.