sábado, 17 de diciembre de 2011

La tele está puesta, suena por aquí uno de mis discos favoritos (que por desgracia no escucho demasiado), y ninguna de las redes sociales me parece interesante en este momento.

No hace tanto frío como ayer, y no llueve. Se supone que todo va bien. Se supone...

¿Si todo está bien, porqué yo no lo veo tan claro? Todo es tan gris, tan sorprendentemente pesado y oscuro para mi...

No encuentro las palabras adecuadas para expresarme. No soy capaz de completar más allá de dos estrofas y alguna frase suelta para mis canciones. Y la música que me pongo para soportar todo este dolor no hace más que hundirme más y bloquearme.

Me bloqueo, me saturo, y termino estallando en un mar de lágrimas intermitentes que no me ayudan a sobrellevar esta situación. Dejo pasar el tiempo, y me doy cuenta de que nada ha cambiado. Tengo hombros en los que apoyarme, y un abrazo de una de mis mejores amigas consigue que olvide todo lo que me rodea. Unas cervezas y unas caladas que me distraen, pero que no me llevan a ninguna parte. Por desgracia.

¿Tanto me cuesta ser feliz? ¿Tengo que estar siempre sonriendo, a pesar de que no pueda, de que no sea capaz? Menuda sonrisa falsa de mierda me sale. Algunos se la creen y otros ven detrás de esta máscara que llevo puesta. Una máscara que lleva pintada sentimientos que ahora mismo no puedo mostrar de manera sincera.

Me doy asco, me desprecio, me siento vacío, falto de fuerzas para seguir adelante. Me tiemblan los dedos. Me tiembla el alma, el labio, y se me humedecen los ojos. ¿Merezco seguir sufriendo? Yo ya no lo se... ¿Tanto mal le he hecho yo al mundo en general? No entiendo entonces por qué tengo que sentirme así...

Ya no entiendo nada... solo quiero mandarlo todo a tomar por el culo...

Dejo esto inconcluso, porque ni siquiera soy capaz de encontrar las palabras adecuadas...

jueves, 24 de noviembre de 2011

Y al final, explotó

Estoy cansado, muy cansado de casi todo.
Cansado de no ser capaz de expresar con palabras lo que siento. 
Cansado de no ser capaz de escribir una sola canción entera, como hacía antes. 
Cansado de que mi poesía no sirva para una mierda. 
Cansado de esforzarme por todo y que la vida me ponga zancadillas. 
Cansado... en definitiva...

A veces deseo ser un pájaro y volar alto entre las nubes.
Olvidar todas mis preocupaciones y posarme en tu ventana,
para verte sonreir, para sentirme más cerca de ti.

Por todo esto, y porque lo único que me importa es luchar para poder estar junto a la persona que más quiero en esta vida, me voy a meter en un bunkern, en el que solo tú vas a poder entrar a tu antojo. Te regalo la llave para que entres cuando quieras. Y cuando alguien llame a mi puerta, ya decidiré yo si merece la pena que pase o no.

El mundo puede esperar. Tú y yo, no. Te amo.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate

Duras palabras que colocaron los dioses en las puertas del infierno. Mi infierno particular está en mi mente, un tormento eterno por sentirme impotente ante cómo nos trata la vida. Me niego, una y otra vez a perder esa esperanza, dioses...

¿Me habeis oido? ¡Os reto! ¡No una, sino varias veces a todos! Os reto a descender de vuestra morada y arrancarme el corazón... nos os pertenece, y nunca os pertenecerá. Ya se lo he dado a alguien y es a ella a quien pertenece. No teneis ni el derecho ni el poder de separar su corazón del mío.
Lucharé hasta la muerte si es preciso. Daré toda mi sangre por ver sus ojos. Golpeadme con vuestra infinita furia y grandiosa cólera, pero no lograreis apartarme de ella nunca. ¡Jamás!

Os maldigo desde hoy, a viosotros y al destino ¡A las hermanas que manejan los hilos! Os maldigo por tratar de apartarme de ella cada día más... os lo digo. ¡No! Os lo advierto... y os amenazo! No lo lograreis...
Y temed mi ira, pues es poderosa, temed la ira que surge del amor reprimido, atado con cadenas que no lograrán retenerme por mucho... temed, pues pronto caminaré en su busca, para besarla y abrazarla, sujetarla contra mi pecho y acariciar su pelo. Mirarla a los ojos y poder sentir una inmesa paz que he anhelado por mucho tiempo... por demasiado tiempo, para que ahora, vosotros, caprichosas deidades que no son capaces ni de mantenerse en pie, espejo de mejores tiempos ya pasados, vengais a arrebatarme el maná que merezco.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Lust

Aviso: Este montón de letras y de incongruencias mentales excretadas por la mente del autor contienen un alto contenido que puede resultar ofensivo para la gran mayoría de las personas que conforman esta sociedad. La situación que vais a observar… es harto… indescriptible… y me ha costado horrores componer. Disfrutadla, y espero que no tengáis pesadillas…

Él le quitó la ropa, con mucha pasión, mirándola fijamente a los ojos. Azules como el cielo, tan claros como su pálida piel. Casi le arrancaba la ropa, quizá con un toque de furia. Comenzó a besar sus pechos, a rozar sus labios contra sus pezones. Sus manos sujetaban el rostro de ella, acariciándola, y se quedaron a la altura del cuello mientras la besaba, completamente ciego por la lujuria.
Se había convertido en una bestia sedienta de sexo y no podía parar. Comenzó a recorrer con su lengua el cuerpo de la muchacha, sus pechos, su vientre y sus muslos. Se detuvo en su sexo, y comenzó a jugar, primero con caricias y luego más rápido, de una manera en la que cualquier mujer se hubiera estremecido, y hubiera gritado de puro placer. Ella no.
Ella se mantuvo fría, quieta, inmóvil. Él se lo estaba pasando en grande, disfrutando de su erección, que no dejaba de notar con su mano, y decidió que era el momento de penetrarla. Lo hizo sin ningún tipo de miramiento, sin pararse a pensar en la muchacha. Con mucha fuerza, completamente distinto a la suavidad y el cariño que había mostrado al besarla entre las piernas.
Comenzó a hacerlo cada vez más fuerte, sin importarle lo que ella sintiera. Empujando con mucha fuerza, seguramente le estaba haciendo daño, pero no lo podía decir con toda seguridad. Subió su mano por el costado de ella, casi por la espalda y ahogó un grito mientras se corría dentro. Se miró la mano y observó que se había cortado. De la espalda de ella sobresalía un cuchillo.
El cuerpo de la joven estaba lleno de heridas, sangrantes. Su rostro estaba pálido, y el de él manchado por la sangre, encarnada. Y sonrió… por fin había sido suya…y ahora lo sería para siempre…
Y siguió penetrándola… ignorando el hecho de que estaba muerta…

P.D: No he podido ser más gráfico, no tanto como quisiera, porque creedme, me ha resultado muy dificil escribir eso... es una situación que me horroriza...

miércoles, 31 de agosto de 2011

Corazones Ardientes

El chico comenzó a respirar más lentamente. Esa sensación era más que conocida para él. Su pecho subía y bajaba mientras el corazón le latía a un ritmo frenético.  Tumbado en la hierba, se desabrochó el cinturón de balas y abrió la bragueta del pantalón. Comenzó a tocarse, a frotarse el erecto miembro que formaba un bulto en los prietos pantalones vaqueros y que parecía ser insaciable.
Sin querer, y de un codazo, tiró la lata de cerveza que había apoyada a su lado. Su novia empezó a acariciarle el pecho, mientras con la otra mano, le apartaba el pelo largo del cuello para poder besarle con comodidad. Se dejó llevar por la pasión, y bajó su mano hasta el miembro del chico. Apartó la mano de él y comenzó a masturbarle, suavemente, como solo ella sabía hacerlo, como sólo ella sabía tratarle.
Los labios de ambos se encontraron y una de las manos de él comenzó a masajear el muslo de la joven, pero pronto apartó la mirada para observar al frente. Lo que de verdad le hacía sentir esa sensación de placer.
-Lobo, por favor. Mírame. –Le pidió ella, sin dejar de tocarle. ¡Mírame! –Le suplicó entre lágrimas que hicieron que el maquillaje de sus ojos se corriera. Aquél maquillaje derramándose por la pálida piel de la chica hizo que perdiera la concentración, y miró aquellos ojos grises, llenos de lágrimas que caían sin control, negras por el maquillaje, manchando el rostro de la joven, que se negaba a dejar de agitar el pene de Lobo, de manera rítmica.
-Te estoy mirando, Condesa. –Le dijo, y comenzó a lamer las lágrimas de la muchacha, y ella se estremeció de placer. Empujándole hacia atrás con ambas manos, provocó que el resto de latas de cerveza rodaran colina abajo. No les importaba. Ella se quitó la camiseta, dejando a la vista dos pechos perfectos, con rosados pezones erectos, duros, a causa del frío de la noche. Y se subió encima de él. La falda resultaba muy cómoda para este tipo de situaciones, y ambos lo sabían. No era la primera vez que se hallaban en esta situación, y Lobo se apresuró a sacar un preservativo.
-¡No! –Le espetó ella. -¡Quiero un hijo! ¡Dame un hijo, Lobo! ¡Un cachorro! ¡Un Lobezno! ¡Tuyo y mío! Engendraremos una estirpe de guerreros, que seguirán nuestros ideales. ¡Seguirán tus ideas! ¡Las del Inner Circle! Y la gente nos conocerá y nos temerá… Dame un hijo, Lobo. Te lo suplico…
Nuevamente comenzó a llorar la muchacha, y Lobo tiró el preservativo lejos, y volvió a beber de sus lágrimas, pues era un placer para él. Y observó su rostro, pálido y manchado por el maquillaje negro, alrededor de los ojos, y el pintalabios oscuro. Él la penetró, con suavidad y comenzaron a gemir juntos, de manera rítmica y acompasada. Melodías oscuras y brutales se recrearon en la mente de ambos, e imágenes de legionarios vestidos como ellos poblaron sus imágenes mientras unos destellos intermitentes los iluminaban. Unos destellos danzantes que no obedecían sino a las destructivas leyes de la naturaleza.
Mientras ellos hacían el amor, y engendraban el inicio de una saga de guerreros de la ideología neo pagana, en una pequeña aldea de Noruega, una iglesia del siglo trece ardía, incendiada por ellos mismos. Y eso les provocaba más placer que el sexo que compartían tras hacerlo.

Este micro relato, como ya me he acostumbrado a llamarlos, lo he escrito a base de falta de sueño, tras estar estudiando hasta las mil y más. El café, y un interés enfermizo por el metal extremo y su forma de expresión visual por encima de lo musical, han hecho el resto. Para los que no os hayáis podido dar cuenta, Lobo no es otro que Varg Vikernes. Varg significa Lobo en noruego, y no es el verdadero nombre del músico y co-fundador del movimiento Inner Circle. Para ella he utilizado el nombre de Condesa, por la banda de Black Metal,  Bathory, en honor a dicha condesa, acusada de vampirismo y juzgada y sentenciada a muerte tras asesinar presuntamente a 630 personas.  El hecho de que haya decidido unir a estos dos personas era solo para dar más simbolismo a esta escena de enfermizo sexo, que solo funciona si consiguen incendiar una iglesia. Varg fue juzgado por quemar iglesias cristianas del siglo XIII, por lo que su condena tras el asesinato de Euronymous, compañero suyo en la banda Mayhem, fue más larga.
Esta larga y tediosa explicación, tiene como único fin que, vosotros, lectores ávidos de mi basura habitual, podáis entender completamente a qué me refiero cuando Lobo y condesa follan al calor de la iglesia que arde ante sus ojos. Resulta verdaderamente macabro, lo sé. Pero, ¿Cuándo ha sido agradable la lectura de mis palabras? Pensad en ello… Esto es solo el principio, pero no temáis. No encontraréis más textos sobre Lobo ni sobre Condesa aquí en el futuro. Aunque, si os habeis quedado con las ganas, internet está plagado de basura al respecto de estas dos personas que, nunca hubieran podido coincidir en el espacio o el tiempo.
Por cierto, la banda sonora que ha inspirado este micro relato es totalmente de Black Metal. Se trata de A Looming Resonance de Wolves in the Throne Room para la parte más erótica y  tranquila y Freezing Moon de Mayhem (grabación original con Death, antes de su suicidio) para la parte más rápida y brutal del relato.  

martes, 16 de agosto de 2011

The Unnamed Feeling II

¿Segundas partes nunca fueron buenas? Entonces, escribiré sobre el otro lado. Sobre el que muy poco se han atrevido a escribir. Una lado oscuro y degradante, sin sentido, al que temo más que a la propia muerte, pues no hay peor muerte que la privación de la libertar personal, por falta de paz interior, a causa de un odio visceral y...¡Mierda! ya estoy desvariando! Mejor os dejo con la explicación, y mi micro-verso. Hace diez días exactamente, os conté la historia de los que siempre pierden. Hoy os la cuento de los que seguro que van a perder. Muy cruel...muy real. Muy absurdo. Y aún a riesgo de que pueda ser leida por alguien, en exceso radical, la verdad es la verdad, y la verdad no se mata ni con pistolas ni con sangre. Se mata con el silencio.

Tic-Tac. Constante, incansable. Recordándome lo lento que pasa el tiempo cuando esperas que pase algo. Tic-Tac, me repite una y otra vez, con esa vocecita mecánica suya. No dice nada, y me lo dice todo. Yo no le pregunto, pero él me responde. Lo miro, juego con él en mi muñeca. Me observo reflejado en la esfera. Pienso en cómo funcionan todos sus engranajes, perfectamente engrasados y trabando al mismo ritmo, al mismo compás, al unísono.
Tomo aire, muy profundo, y lo devuelvo en un largo suspiro. Me paso la mano por el pelo, despeinándome ligeramente, y me quito las gafas, para limpiarlas. Estoy nervioso. Lo sé, y se me nota muchísimo. Pero no puedo echarme atrás ahora que he llegado tan lejos.
Desde mi coche la observo. Es especial. Es la encarnación de un ángel. Un ángel vengador que imparte justicia. Alguien especial, por encima del resto, pero encadenada a servir de ejemplo y mediación. El conductor me mira, y me sonríe. Me giro, y ahí está mi hermana. Tan pura ella, tan inocente, tan idealista. No sabe lo que hace, porque le he mentido una y otra vez, sobre cómo el mundo la ha tratado.
Tic-Tac. No me lo pienso dos veces, ha llegado el momento. Tengo que acercarme a ella. Tic-Tac. Salgo del coche, doy varios pasos. Tic-Tac. Está sentada en la mesa de una cafetería, ajena al mundo exterior. Tic-Tac. El corazón se me acelera, solo tengo una oportunidad. Saco la mano de mi chaqueta, y con ella una pistola. Disparo. Una vez. Dos veces. Tres veces. Ha caído al suelo. Otro disparo. Sé que está muerta, pero sigo disparando. Una erección me sorprende y termino de vaciar el cargador, pero no dejo de apretar el gatillo, y sin poder evitarlo, me corro. Y suspiro, sonriente. ¿Matar es como el sexo? No, es mejor que el sexo. Mil veces mejor que las drogas y un millón de veces mejor que el sexo.
 Nadie me mira. Me temen, se esconden bajo las mesas o donde pueden. Sobre el cuerpo, tiro un papel con un dibujo de un hacha y una serpiente. Corro hasta el coche, entro y escapamos. Todos ríen, lo celebran, gritan consignas vacías y vanas, que nadie entiende salvo nosotros.
Ese ángel vengador ya no podrá volver a impartir justicia. Ya no es tan especial, solo es un recuerdo. Servirá de ejemplo, pero no para bien. La gente la verá como una víctima, y nos temerán, y sabrán que no han de juzgarnos como hizo ella. Me siento orgulloso. Soy un verdadero gudari. Un guerrero vasco luchando por su pueblo, contra el fascismo. Pero por desgracia, hay un policía que paseaba por la zona. Nos dispara. Acierta a través del parabrisas y me da en la cara. Peor que un puñetazo, os lo aseguro. El sabor del cobre inunda mi boca, y mis recuerdos inundan mi mente. Mis ojos estallan en una vorágine en la que observo a todas mis víctimas. Su sangre en charcos, que luego taparán con serrín. Sus hijas, con los ojos rojas y las mándibulas desencajadas de gritos de dolor. Coches calcinados, y policías viejos y cansados que levantan cadáveres (y que puede que por la noche se levanten los sesos, porque no pueden más). Y me vuelvo a correr, por grotesco y macabro que parezca.
Mi hermana vomita, el conductor grita y llora y nos estrellamos contra una farola. Una nueva ráfaga de disparos nos golpea y son como miles de personas, las que he torturado y asesinado, que me golpean por mis crímenes. Justos castigos a pecadores e infieles que han torturado a mi pueblo y mi sangre.
 Siento como me estoy muriendo, pero me da igual. Mis hermanos y hermanas llorarán por mí, como un héroe. Y es que es lo que tienen los héroes. Que están todos muertos.
Y ahora, el toque Hitchcock. O como se escriba...hoy me la pela. Podríamos decir que esto es una segunda parte del del otro día. O una precuela. Da igual...es como el dilema del huevo y la gallina, o más bien como el conflicto Serbio-Bosnio. ¿Quien disparó primero? Da igual...a los muertos se la sopla...no se pueden quejar. Yos os digo...quejaos...Llorad. Temed. Y para mostraros que sé de lo que hablo, os regalo una segunda historia. Disfrutadla, y espero que lloreis con ella, pues fue pensada para eso.

 El chico se dirigió a la escuela. Llegaba tarde, como de costumbre. Y eso que solo estaba en sexto de primaria. Eran las nueve de la mañana, y trató de atajar, pero se equivocó y llegó por la calle de arriba. Cinco golpes secos. Pum. Pum. Pum. Pum. Pum. Rítmicos, sinceros, lentos. Y nadie prestó atención. Ni siquiera el chico. Pasó por la acera de enfrente de la tienda golosinas, y al llegar calle abajo pensó en un antiguo club de alterne abandonado. O eso le habían dicho que era. Llegó a clase y se sentó, diculpándose con el profesor. Salió...llegó a casa y la televisión estaba puesta. Su amigo, al que conocía desde hacía un año o dos, tan amable y cordial, había sido asesinado. Esa misma mañana, en su tienda de golosinas. Arrastrado hasta el almacén, le obligaron a arrodillarse. Y dispararon cinco veces. Sobre el cuerpo, otras diez...o más. Les daba igual. Lo importante era ensañarse. Ese día no lloró, porque no sabía lo que significaba aquella serpiente y aquél hacha, que años más tarde sentiría como suyas, y despues repudiaría, tras conocer la realidad. Y entonces lloraría. Ese chico, inocente y despreocupado, era yo. Y me avergüenzo de muchas cosas. A diario me avergüenzo. Y es algo con lo que tengo que vivir.

Revisando Hemerotecas, he visto que las fechas no coinciden con mis recuerdos. Puede que no feura al colegio. Puede que no fueran las nueve. Pero yo pasé por delante de esa tienda y oí dosparos. No vi nada. No vi a nadie. No sabía que fueran disparos. No sabía lo que era un disparo, y no era consciente de lo que suponía quitarle la vida a nadie. Mi mente puede haberme emborronado detalles concretos de ese suceso, pero nunca olvidaré un charco de sangre delante de la tienda, ni las flores, ni las velas que pusimos, mientras llorábamos, sin saber muy bien qué había pasado, ni por qué.

miércoles, 3 de agosto de 2011

The Unnamed Feeling

Debido a la insistencia de ciertas personas (Mrs, Tangerine, entre ellas) este blog se ha visto obligado a actualizarse, con una nueva entrada, la que originalmente dio nombre a este caótico microverso de micro-versos y paranoias universales en miniatura.

Forma parte de una serie de micro-relatos (digo micro, porque no ocupan casi nada, y tienen un amplio significado que se puede interpretar de dos o tres maneras, al gusto del consumidor) bastante negros. Digo negros porque no tienen un final muy feliz, o chocan con nuestra menta, representando la más cruda y horrible realidad, que nos negamos a ver en muchas ocasiones. Aunque no nos guste, aquí os regalo un pedacito de realidad, un pedacito de ese Sentimiento Sin Nombre.

El hombre se rascó la barba. Echó mano a la chaqueta y sacó un paquete de tabaco, arrugado, y extrajo un cigarrillo, igual de maltrecho, y algo doblado, lo que le confería un aire mucho más desgarbado aún. Con una cerilla, prendió la punta, absorbió con fuerza, y expulsó el humo por la nariz mientras agitaba la mano con la que sujetaba la cerilla, para apagarla.
No era la primera vez que veía un cadáver. Era parte de su día a día. El cuerpo de policía le había enseñado a ser casi insensible a aquél tipo de cosas. A no desmoronarse en la escena del suceso. Y recordó su primer muerto. Nada especial, ningún atentado, ni siquiera un accidente de coche. Tan solo un ahorcado. Aquél día supo que su vida había cambiado para siempre.
Cada vez que lo llamaban para levantar un cadáver, sentía una especie de cosquillas en las palmas de las manos, una sensación un tanto extraña. A veces sentía nauseas, debido a que el cuerpo estaba más o menos descompuesto, o a causa de un accidente de tráfico, por no ponerse el cinturón.
El olor a carne quemada lo sacó de sus ensoñaciones. Miró fijamente al calcinado coche que había estallado tan solo hacía unas horas, con su ocupante en el interior. Un complejo mecanismo instalado en el contacto de arranque había hecho que la carga que los terroristas habían escondido en el motor, hiciera explosión, acabando con la vida de su ocupante, casi al instante. En el suelo, una manta blanca cubría al finado, y a su alrededor, un grupo de agentes se afanaban por mantener a raya a los periodistas, ávidos de una cruenta imagen, para obtener unos mayores beneficios.
“Escoria, eso es lo que son”, pensó, “tanto estos buitres, como los perros que lo han matado”. No tenía otro nombre para ellos, más que asesinos. Cobardes asesinos tras un máscara de mentiras. Una máscara tejida con mentiras sobre la justicia y los derechos inherentes de una supuesta nación soberana. Una red de asesinos, en la que los cabecillas comían como reyes en grandes restaurantes, y conducían buenos coches, mientras jóvenes a los que les habían lavado el cerebro manchaban sus manos con la sangre de los inocentes.
Lo comenzó a inundar un sentimiento extraño, uno que no había sentido nunca. Un sentimiento que no conocía, y al que no pudo dar nombre. No era frustración, no era miedo, no era tristeza. Era peor que la ira, peor que un odio visceral, y mil veces más horrible que todos juntos. Era algo más doloroso que la impotencia, y más vil aún.
Sacó su placa del bolsillo y la mantuvo durante unos segundos en la palma de su mano. Al principio todo era distinto. Creía que significaba respeto, y autoridad. Ahora veía como el respeto echaba humo y como la autoridad se había desvanecido. Veía como todo aquello por lo que había luchado, se había ido con el último suspiro de su mejor amigo. Ya sabían lo que significaba ser policía, pero nunca, ni de lejos, podrían haber imaginado que les tocaría a ellos. Tanto dolor, tanto sufrimiento. Y todo por una estúpida cuestión sin sentido alguno. Algo por lo que no merecía la pena pelear. Pero los habían marcado como enemigos del pueblo, los habían marcado al fuego, y no podía borrar aquél estigma. Eran un blanco en movimiento, una diana móvil a merced de las miradas de miles de tiradores sin escrúpulos cuya única intención era apretar el gatillo y cobrar la pieza. Si no estabas con ellos, estabas contra ellos y, por lo tanto, muerto.  Aquella misma noche, al llegar a casa, se voló los sesos con su propia pistola.
Como el narrador del "Tales from thr Cript", Hitchcock u otros, haré una pequeña valoración final, si me lo permitís. Este hombre no comprendía el significado de perdón ni paz interior. Ni el odio, ni el rencor, pueden matar, pero sí el hombre que los cobija. Y matará, tanto a otros, como a sí mismo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Nueva Etapa

Tengo que deciros la verdad. Este blog era tan solo un trabajo para la universidad, pero me ha gustado esto de escribir toda la basura que tengo que barrer dentro de mi cabeza. De modo, que pienso seguir escribiendo todo lo que pueda, ya sea poesía o retazos de relatos y otras movidas, y lo plasmaré aquí. De momento, os regalo una paranoia brutal que he titulado "Ojos Azules"

Ojos Azules

Aquél día se subió al autobús, como todos los días, en la misma parada, a la misma hora. Se trataba de un día particularmente plomizo, y el ambiente estaba cargado de electricidad. Seguro que de un momento a otro se pondría a llover.
Los mismos olores de todas las mañanas asaltaron a la muchacha. La loción para el afeitado de un hombre con corbata, la peste a laca que despedía una señora mayor, el bocadillo de un chico que aún iba al colegio. Completamente monótono, absurdamente aburrido, insoportablemente predecible.
No supo decir por qué aquél día tenía pinta de ser distinto al resto. Pero en su fuero interno lo sabía. Miro alrededor, y a su lado, justo en el asiento contiguo, había sentado alguien a quien no había visto nunca en aquél destartalado y maloliente autobús. Zapatillas deportivas último modelo, tejanos, una camiseta con un logotipo y una camisa a cuadros. A sus pies, una mochila de color claro llena de pintadas hechas con un rotulador.
Alzó un poco más la mirada, y vio como aquél chico se entretenía agujereando los pantalones con unas llaves. Volvió a bajar la mirada, temerosa de que él la mirara. Y de pronto se dio cuenta de lo absurdo que resultaba aquél pensamiento. No pasaba nada por mirarlo a los ojos, unos ojos que no conocía, pero que la atraían de una manera especial, magnética, hechizante.
Se atrevió a alzar despacio la mirada. Muy lentamente. Mirando primero a los vaqueros. Luego el logotipo de la camiseta, que le pareció bastante grotesco, y supuso que era de algún grupo de música, de rock duro, o lo que fuera. Haciendo que aquellos pensamientos momentáneos desparecieran, siguió levantando la mirada, hasta alcanzar su objetivo, los ojos. Aquellos ojos azules, que reflejaban el gris del cielo, un cielo que contrastaba con aquellos ojos brillantes.
Él se giró, lentamente, y la miró a ella. Cara a cara. Y sonrió. Completamente avergonzada, giró la cabeza rápidamente y procuró llevarse la mano a la nuca, haciendo ver que se arreglaba el pelo.  Enseguida notó como le subía la sangre a la cabeza y se ruborizaba, y en un esfuerzo titánico, comenzó a luchar contra el miedo y la timidez, volvió a girar la cabeza hacia el chico, que la miraba, sonriente.
En ese momento, ella comenzó a sonreír. Se llevó la mano al bolsillo y extrajo un pequeño estuche con un dosificador. De él sacó una cápsula blanca  que miró tan solo unos segundos antes de tragársela. Volvió la cabeza hacia el chico, y vio que había desaparecido. Desde un primer momento supo que no existía, pero aquella sonrisa desenfadada le había alegrado la mañana.

viernes, 21 de enero de 2011

Sonrisas

Esta tiene muy poco tiempo, está calentita, recién salida de mi cabeza. Creo que es más de lo mismo, pero aquí os la dejo, con la mejor intención.

Miro al frente, y me pregunto,
me pregunto si merece la pena
volver a caminar.

Miro hacia el horizonte,
y un pastor me señala el camino,
uno que nunca quise seguir.

Como oveja descarriada
me aparto del rebaño
y transito mi propia senda
llena de piedras y precipicios.

Y cuando alcanzo mi meta,
el verde prado virgen,
alejado de las piedras del pastos,
y los ladridos y mordiscos de los perros,
sonrio al fin.

Sonrio pensando en que en realidad,
no es real.
Tan solo un triste sueño.
Una vez más.
Como siempre,
cuando creo encontrar un lugar donde pacer
y descansar por fin,
descubro que no todo es verde,
ni virgen,
ni siquiera bello.
Y que el pastor está ahí
para golpearme de nuevo,
y llevarme con él al redil.

Autor: Suru

Nieva sobre Sofía (II)

Esta es la segunda parte de lo que habeis leido en la anterior entrada. Es simplemente que no conseguía sacarme de la cabeza aquello, y me puse a ver nevar, otra vez. Espero que os guste.

y otra vez vuelve a nevar, lejos de mi casa, y también en ella...
se llena el suelo de desesperación, blanca desesperación...
intentando tapar la amargura que mi corazón rabioso vomita sin parar...
...y me trago mis versos...
...y los regusrgito...
pero no callo...eso nunca...
Y hoy vuelve a nevar sobre Sofía,
y mancha sus puras calles...
haciendo que todo vaya más lento...
entorpeciendolo con muros y barreras...
que me impiden comprender...
y no entiendo por qué hoy vuelve a nevar...
y vuelve a nevar...
otra vez más...
Y volverá a nevar...
Buenas noches Sofía...
Buenas noches mundo...
Buenas noches a todos...
Goodnight to myself...
mañana será otro día...
y volverá a nevar otra vez...

Autor: Suru

Nieva sobre Sofía (I)

Esta la compuse mientras estaba en Bulgaria. Me senté en la cama a mirar por la ventana y llorar por ser tan estúpido. Pero eso es otra historia. Ver como la nieve caía me inspiró, y compuse esto. Se que es algo extraña, con metáforas más extrañas aún (en ocasiones, casi incoherentes), pero la forma en la que quedó, me gusta.

y que pasa?
y que pasa si esto se acaba?
y que pasa si no vuelve a pasar?
tengo miedo...de que?de sery no sery tener y no tener...
y de ver,
o no volver a ver....
De que sirve sentir...de que sirve amar... de que sirve....acaso sirve de algo?
hay consuelo alguno para los que como yo prefieren quedarse en silencio...
o acaso debemos gritar y desahogarnos?
o ahogarnos en alcohol olvidando toda amarga pena, y borrar con la pena todo dulce recuerdo?
Mierda....que hacer, que decir, que sentir...
solo palabras o algo mas?
y hoy volvera a nevar sobre Sofia...capital bulgara...preciosa bajo los copos que caen sobre el suelo virgen
copos de nieve que me hacen recordar...
copos de nieve que cada vez que caigan me haran llorar
copos de nieve que caeran sobre vosotros y nadie leera...
para que molestarme...si nadie peinsa leer lo que escribo, o si nadie escribe lo que pienso...
desvarios de un pobre abandonado por el destino...dejado de la mano fria que amaba....quien iba a comprenderme,
 sino alguien como yo.
Ella es asi:
De mi estatura, delgada, nariz pequena, labios suaves, pero al mismo tiempo duros por el gelido tiempo de Sofia.
Dulce
Carinosa
Ella misma
Sincera.
y todo esto en un dia vino ....
y al segundo se fue.
Se cayo.
Se apago. Se silenció.
Y hoy vuelve a nevar sobre Sofia. Y hace un frio que pela en mi corazon. Y nadie llorara en mi lecho de muerte. Nadie llorarra mi tumba. nadie sentira nada al mirar un epitafio solitario, en una tumba sin nombre.
Tan solo unas palabras.
..Y al dejar de nevar, ella se fue.
pocos comprenderan que no se refiere a la vida. Sino a la mujer que he amado, y que nunca olvidare.
por la que más he llorado,
por la que volvere a llorar cada noche de invierno,
cada noche que la nieve castigue mi ventana.
juro que no la olvidare.
Lo juro
juro...
que son las palabras si se las lleva el viento?
de que me sirve nada, si nada soy yo, y de nada sirvo, y esto se ha acabado antes de empezar?

Autor: Suru